miércoles, 8 de diciembre de 2010

Mundo Jurásico


Todo niño es un artista que canta,
baila, pinta, cuenta historias
y construye castillos

Sabato

Preservar en el fondo del alma a ese niño que somos
es una tarea del espíritu
y uno de los retos más difíciles de la educación.

Cómo conciliar la necesidad de hacer crecer
y de preparar para la vida,
con sostener sin provocar desgarramiento
al mundo de los sueños, la magia, la fantasía y la infancia.

Quizás la respuesta nos la de el propio Sabato,
la educación ha de incluir la posibilidad
de que el niño desarrolle al artista que lleva dentro:
ese que canta, baila, pinta, cuenta historias y construye castillos.

La capacidad de creación está íntimamente ligada
al mundo del espíritu, al desarrollo del ser interior.

Cuando cercenamos estas voces estamos acabando
no sólo con el niño que una vez fuimos,
también estamos extinguiendo al hombre primitivo
que fue nuestro origen,
nuestro principio.

Dejemos que los niños sigan subiendo a los árboles.
¿Quién de nosotros no ha desarrollado alguno de sus sueños
a partir de sus juegos como constructor de cabañas?
Hoy estamos censurando estas posibilidades a nuestros pequeños.

La vida va a ofrecer a cada ser humano
infinitas posibilidades para bajarle del árbol,
para hacer que se yerga y crezca frente a ese vasto mundo
de altas hierbas en el que vivimos cotidianamente.

No privemos a nuestros hijos del recuerdo
de lo que una vez hicieron,
de las aventuras imaginarias o no,
en las que fueron protagonistas.

Con mayores dinosaurios les tocará luchar en la vida…

El arte es un don que repara el alma
de los fracasos y sinsabores.
Nos alienta a cumplir la utopía
a la que fuimos destinados
” Sabato

Esa utopía reza que no somos seres mediocres,
que nuestro destino es ser profetas en medio de este mundo.
Llevar la voz de la vida frente a todas las muertes.
Mostrar manifestaciones de la vida, la belleza, la creatividad,
la imaginación.

La expresión de nuestro yo interior
nos hará auténticos y libres.

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