Vivimos en tiempos de crisis. Una crisis estructural que ha asentado sus cimientos en estructuras injustas que generan desigualdad e injusticia. Pero también una crisis espiritual, una crisis de valores que nos toca desde dentro y nos descoloca en medio de este mundo complejo y cruel.
Como un edificio que se asienta después de un temblor, procuramos asentarnos cuando las consecuencias de la crisis nos mueven o nos tocan. Crisis que por otra parte y cerca nuestra, ha generado situaciones críticas en gentes que conocemos, que se suben al autobús a diario con nosotros, que compran el pan y la prensa en nuestra misma panadería, que suben y bajan junto a nosotros en el mismo ascensor. Desempleo, explotación, exclusión, perdida de poder adquisitivo, depresión, sensación de no valer personalmente, exilio interior...
La crisis nos empuja a ser conscientes de lo que poseemos y a la vez nos llama a ser generosos desde el corazón y no desde las migajas.
Son tiempos de resistencia. Tiempos que nos dejan a la sombra porque hay otras luces que brillan más que nuestros sueños. Luces que nos ciegan y nos desamparan.
Creo que debemos aprovechar las rendijas que se abren en esta crisis, rendijas por las que penetra la luz de la vida, para sacarle partido y darle la vuelta desde nuestros valores.
Porque esta crisis nos quiere arrebatar los valores, dejándonos desnudos en un sálvese quien pueda individualista y egoísta, cuando el verdadero sentido del ser humano es su entrega a la comunidad.
Que no nos quiten el silencio ni el grito, como dice Sabato. El silencio nos hace crecer hacia adentro, nos llama al crecimiento interior, hoy tan necesario. El grito nos empuja hacia afuera, hacia la solidaridad con ese otro que sufre y siente dolor.
Que la crisis no tapone nuestros oídos, para que sepamos escuchar el clamor de los demás. Que la crisis no cierre nuestros ojos. Trabajemos por conseguir una mirada diferente, una mirada que parta desde el corazón y que haga pasar todo a través suya. Que la crisis nos mueva al encuentro, a la solidaridad, a la denuncia y al compromiso.
(Texto trabajado y reflexionado en la celebración de los inocentes del 28 de diciembre de 2010 por el comité cristiano de solidaridad con América Latina de Navarra y el comité de solidaridad con África Negra) Iosu Moracho
miércoles, 29 de diciembre de 2010
jueves, 23 de diciembre de 2010
Llenar un cántaro, encender un fuego
Siempre he creído que la educación era eso que decía William Butler Yeats:
“La educación no consiste
en llenar un cántaro
sino en encender un fuego”
Tristemente, en demasiadas ocasiones, hemos pasado nuestra vida creyendo que la calidad de una buena educación se conseguía con un buen caudal de conocimientos. Llenar la cabeza en lugar de formar la cabeza. Trabajar la memoria en vez del corazón y el espíritu. Grave error.
Cuántas vidas hemos truncado como educadores haciendo eso y sólo eso. Cuántas veces nos hemos tenido que aprender los mismos contenidos un año tras otro, con distintos matices, pero con el mismo engrudo. Cuántas veces hemos llegado a odiar asignaturas hermosas porque no hemos aprendido que lo importante, lo verdaderamente importante en esas edades menudas, no era el contenido en sí, sino las posibilidades que nos daba la materia de formar nuestro pensamiento.
Siempre me han importado un pepino la lista de los reyes Godos, la escala de dureza de los minerales de Mohs, las preposiciones de la lengua castellana o los afluentes del río Tajo por su derecha y por su izquierda.
El conocimiento no sirve de nada si no puedo dar razón de él, si no trabajo la opinión crítica, si no desarrollo estrategias para relacionarlo con otros conocimientos, si no tengo competencias en mi desarrollo educativo para hacerlo mío, de manera que se convierta en un aprendizaje vital.
Llenar cántaros nos lleva a veces a derramar el agua. Y cuando el agua se sobra del caldero, apaga el fuego que llevamos dentro…
Tenemos que preparar a nuestros hijos e hijas para la vida, no para que aprueben una asignatura. Tenemos que formar espíritus libres, no mentes agarrotadas que repitan los conceptos como loritos.
Por supuesto que tenemos que aprovechar los contenidos como caudal, pero el río que los lleve ha de tener riberas anchas y hermosos puentes desde donde podamos verlo pasar y crecer. Nada hay más hermoso e impresionante que un río crecido, pero nada más peligroso y descontrolado…
El fuego sin embargo, nace con nosotros, nos alienta desde nuestro primer hálito y ha de cuidarse y alimentarse rama a rama sabiendo en qué lugar de la hoguera debemos colocar el siguiente tronco para que las llamas suban hacia arriba y no se nos vengan las chispas hacia la cara, o hacia las ropas…
El fuego es eso que nos reúne como especie, la humanidad nació en torno a una hoguera. La educación de nuestros hijos e hijas se confió siempre a personas que tenían el criterio necesario como para aprender de la experiencia, de los errores pasados. Gentes que tenían la lucidez necesaria de transmitir a los más jóvenes aquello que era imprescindible para su supervivencia.
A veces hace falta arrojo en nuestro mundo para saber poner los diques necesarios a un río que se desborda. Los sistemas educativos han sido muchas veces ese río. Y sin embargo, el río de la vida lleva sus aguas siempre de un modo más sereno y por cauces menos intempestuosos.
Como maestros y maestras, como educadores que somos, tenemos la responsabilidad de formar los fuegos presentes para poder contemplar algún día la hoguera del mañana. Brizna a brizna, rama a rama. Removiendo las brasas cada madrugada, atizando el fuego para que prenda con todos sus colores.
Para eso necesitamos la confianza de mucha gente. Los propios educandos, los padres, los otros maestros que se resisten a cambiar de criterios, el ministerio de educación, los inspectores y la sociedad misma, tan llena de trampas y zancadillas para con nuestros pequeños y pequeñas.
La educación será un alumbramiento, o no será. La educación será un nacimiento día a día, o no será. Somos parteras del alma, comadronas de los sueños de nuestros hijos e hijas. Si no sabemos prender el fuego de sus espíritus, el río que los lleva nos arrollará y les arrollará.
(Escrito el día 23 de diciembre de 2010)
“La educación no consiste
en llenar un cántaro
sino en encender un fuego”
Tristemente, en demasiadas ocasiones, hemos pasado nuestra vida creyendo que la calidad de una buena educación se conseguía con un buen caudal de conocimientos. Llenar la cabeza en lugar de formar la cabeza. Trabajar la memoria en vez del corazón y el espíritu. Grave error.
Cuántas vidas hemos truncado como educadores haciendo eso y sólo eso. Cuántas veces nos hemos tenido que aprender los mismos contenidos un año tras otro, con distintos matices, pero con el mismo engrudo. Cuántas veces hemos llegado a odiar asignaturas hermosas porque no hemos aprendido que lo importante, lo verdaderamente importante en esas edades menudas, no era el contenido en sí, sino las posibilidades que nos daba la materia de formar nuestro pensamiento.
Siempre me han importado un pepino la lista de los reyes Godos, la escala de dureza de los minerales de Mohs, las preposiciones de la lengua castellana o los afluentes del río Tajo por su derecha y por su izquierda.
El conocimiento no sirve de nada si no puedo dar razón de él, si no trabajo la opinión crítica, si no desarrollo estrategias para relacionarlo con otros conocimientos, si no tengo competencias en mi desarrollo educativo para hacerlo mío, de manera que se convierta en un aprendizaje vital.
Llenar cántaros nos lleva a veces a derramar el agua. Y cuando el agua se sobra del caldero, apaga el fuego que llevamos dentro…
Tenemos que preparar a nuestros hijos e hijas para la vida, no para que aprueben una asignatura. Tenemos que formar espíritus libres, no mentes agarrotadas que repitan los conceptos como loritos.
Por supuesto que tenemos que aprovechar los contenidos como caudal, pero el río que los lleve ha de tener riberas anchas y hermosos puentes desde donde podamos verlo pasar y crecer. Nada hay más hermoso e impresionante que un río crecido, pero nada más peligroso y descontrolado…
El fuego sin embargo, nace con nosotros, nos alienta desde nuestro primer hálito y ha de cuidarse y alimentarse rama a rama sabiendo en qué lugar de la hoguera debemos colocar el siguiente tronco para que las llamas suban hacia arriba y no se nos vengan las chispas hacia la cara, o hacia las ropas…
El fuego es eso que nos reúne como especie, la humanidad nació en torno a una hoguera. La educación de nuestros hijos e hijas se confió siempre a personas que tenían el criterio necesario como para aprender de la experiencia, de los errores pasados. Gentes que tenían la lucidez necesaria de transmitir a los más jóvenes aquello que era imprescindible para su supervivencia.
A veces hace falta arrojo en nuestro mundo para saber poner los diques necesarios a un río que se desborda. Los sistemas educativos han sido muchas veces ese río. Y sin embargo, el río de la vida lleva sus aguas siempre de un modo más sereno y por cauces menos intempestuosos.
Como maestros y maestras, como educadores que somos, tenemos la responsabilidad de formar los fuegos presentes para poder contemplar algún día la hoguera del mañana. Brizna a brizna, rama a rama. Removiendo las brasas cada madrugada, atizando el fuego para que prenda con todos sus colores.
Para eso necesitamos la confianza de mucha gente. Los propios educandos, los padres, los otros maestros que se resisten a cambiar de criterios, el ministerio de educación, los inspectores y la sociedad misma, tan llena de trampas y zancadillas para con nuestros pequeños y pequeñas.
La educación será un alumbramiento, o no será. La educación será un nacimiento día a día, o no será. Somos parteras del alma, comadronas de los sueños de nuestros hijos e hijas. Si no sabemos prender el fuego de sus espíritus, el río que los lleva nos arrollará y les arrollará.
(Escrito el día 23 de diciembre de 2010)
sábado, 18 de diciembre de 2010
El sentido de la vida
Siempre quise creer que fue Kavafis
el que mejor expresó, de un modo poético,
eso que llamamos El sentido de la vida”.
“Si vas a emprender el viaje a Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento…”
Por aquello de que lo importante es echarse a la mar,
viajar, surcar las aguas de todos los mares
y escribir el nombre en la arena de muchas playas.
¡Qué hermosa vanidad!
La Vida…
La vida a veces, es eso que te atrapa en un instante
y te devora por dentro,
otras veces, eso que te rodea y te ronda como un barco a un esquife
y otras más, eso que se aleja como el horizonte
para que podamos seguir caminando,
construyendo,edificando ideas,
o sencillamente, soñando esa utopía
que se enmascara con el nombre de Verdad.
Pero, ¿de qué nos sirve esa verdad?,
¿acaso es más verdad la tuya que la mía?
¿acaso es más verdad la de Descartes
o la del joven Pascal?
¿es posible que todos, lleguemos algún día,
a esa misma verdad?
Al atardecer,
la mirada se pierde en el abismo del Universo
y en ese abismo encuentra al Vértigo.
Por todas partes no veo más que oscuridad…
¿Será esto, ver una luz en medio de la noche?
¿Es acaso todavía posible
el amanecer?
Vivir… Viajar…
Que la vida sea el primero
y el último viaje.
Que los ojos se nos llenen de belleza
y que mañana no llegue nunca,
pero que siga siendo
mañana…
Somos una sombra atada a un rincón del universo,
tenemos por delante el empeño
de disipar la tiniebla más espesa,
no nos basta creer,
queremos saber
y si alguien en su vida, encuentra
un pedazo de verdad
tiene la obligación moral con toda la humanidad
de mostrarla,
comunicarla,
compartirla…
“Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas…”
Ítaca, Ítaca…
A mi pensamiento le gusta viajar a Ítaca,
pero Dios quiera que nunca llegue vivo
a pisar las finas arenas de sus playas…
Mirada, abismo y vértigo,
aquello que se encuentra en el camino
es menos importante que el propio acto de descubrir…
Descubrir sí. Eso que permanece oculto
a los sentidos
y que de repente despierta nuestro asombro.
Eso que nos arrebata todas las máscaras
y nos vuelve vulnerables
porque nos rescata de la nada,
nos saca del vacío
y nos hace visibles, permeables,
sujetos de la admiración,
el encantamiento
y la zozobra…
Así somos y así estamos:
Desnudos ante la Verdad.
Es entonces cuando podemos entender
que la miseria es la condición
del ser humano
y que liberarnos de la miseria
nos convierte en dioses.
Dios.
Esa es la pregunta
desde el corazón de la miseria.
Esa es la pregunta de la Compasión
y la pregunta de la Misericordia.
¡Es tan duro el recuerdo
de ver llorar a un hombre!
¡Es tan duro sentir
que hay gentes que existiendo,
permanecen invisibles!
¿Qué decisión tomar
cuando las lágrimas ahogan
al corazón?
Dios.
¿Acaso somos un juguete en sus manos?
Y si es así, ¿somos libres?
¿Qué es entonces la libertad
frente a Dios?
Cada uno vemos a Dios
con diferentes ojos…
No es lo mismo pensarlo
que sentirlo.
No es igual deducirlo como un principio matemático
que verlo
y disipar la tiniebla.
Las matemáticas son fuente de certeza
pero Dios no se escribe con números.
Enigma
Ecuación
Incognita…
Por todas partes no veo más que oscuridad…
Será que la teología no puede, ni debe, responder a todo.
Además no todos los días soy igual de valiente…
Quizás sea ese el problema de Dios,
o quizás sea el hombre
el problema de Dios.
Siempre es necesario ver las cosas
desde más de un punto de vista.
Kavafis se llenaba los ojos de belleza
para poder entender la miseria del hombre.
Y al final del camino…. Ítaca, pero
¿quién quiere llegar al final del camino?
Saber que hemos de morir
no ha de impedirnos vivir…
(Este texto está escrito después de haber visto la obra de teatro: El encuentro de Descartes y el joven Pascal. Los destacados en negrita son diálogos tomados de la obra, salvo los dos que corresponden a poemas de Kavafis)
Iosu Moracho
Pamplona – Iruña 24 de marzo de 2009
día de San Romero de América, voz de los sin voz.
el que mejor expresó, de un modo poético,
eso que llamamos El sentido de la vida”.
“Si vas a emprender el viaje a Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento…”
Por aquello de que lo importante es echarse a la mar,
viajar, surcar las aguas de todos los mares
y escribir el nombre en la arena de muchas playas.
¡Qué hermosa vanidad!
La Vida…
La vida a veces, es eso que te atrapa en un instante
y te devora por dentro,
otras veces, eso que te rodea y te ronda como un barco a un esquife
y otras más, eso que se aleja como el horizonte
para que podamos seguir caminando,
construyendo,edificando ideas,
o sencillamente, soñando esa utopía
que se enmascara con el nombre de Verdad.
Pero, ¿de qué nos sirve esa verdad?,
¿acaso es más verdad la tuya que la mía?
¿acaso es más verdad la de Descartes
o la del joven Pascal?
¿es posible que todos, lleguemos algún día,
a esa misma verdad?
Al atardecer,
la mirada se pierde en el abismo del Universo
y en ese abismo encuentra al Vértigo.
Por todas partes no veo más que oscuridad…
¿Será esto, ver una luz en medio de la noche?
¿Es acaso todavía posible
el amanecer?
Vivir… Viajar…
Que la vida sea el primero
y el último viaje.
Que los ojos se nos llenen de belleza
y que mañana no llegue nunca,
pero que siga siendo
mañana…
Somos una sombra atada a un rincón del universo,
tenemos por delante el empeño
de disipar la tiniebla más espesa,
no nos basta creer,
queremos saber
y si alguien en su vida, encuentra
un pedazo de verdad
tiene la obligación moral con toda la humanidad
de mostrarla,
comunicarla,
compartirla…
“Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas…”
Ítaca, Ítaca…
A mi pensamiento le gusta viajar a Ítaca,
pero Dios quiera que nunca llegue vivo
a pisar las finas arenas de sus playas…
Mirada, abismo y vértigo,
aquello que se encuentra en el camino
es menos importante que el propio acto de descubrir…
Descubrir sí. Eso que permanece oculto
a los sentidos
y que de repente despierta nuestro asombro.
Eso que nos arrebata todas las máscaras
y nos vuelve vulnerables
porque nos rescata de la nada,
nos saca del vacío
y nos hace visibles, permeables,
sujetos de la admiración,
el encantamiento
y la zozobra…
Así somos y así estamos:
Desnudos ante la Verdad.
Es entonces cuando podemos entender
que la miseria es la condición
del ser humano
y que liberarnos de la miseria
nos convierte en dioses.
Dios.
Esa es la pregunta
desde el corazón de la miseria.
Esa es la pregunta de la Compasión
y la pregunta de la Misericordia.
¡Es tan duro el recuerdo
de ver llorar a un hombre!
¡Es tan duro sentir
que hay gentes que existiendo,
permanecen invisibles!
¿Qué decisión tomar
cuando las lágrimas ahogan
al corazón?
Dios.
¿Acaso somos un juguete en sus manos?
Y si es así, ¿somos libres?
¿Qué es entonces la libertad
frente a Dios?
Cada uno vemos a Dios
con diferentes ojos…
No es lo mismo pensarlo
que sentirlo.
No es igual deducirlo como un principio matemático
que verlo
y disipar la tiniebla.
Las matemáticas son fuente de certeza
pero Dios no se escribe con números.
Enigma
Ecuación
Incognita…
Por todas partes no veo más que oscuridad…
Será que la teología no puede, ni debe, responder a todo.
Además no todos los días soy igual de valiente…
Quizás sea ese el problema de Dios,
o quizás sea el hombre
el problema de Dios.
Siempre es necesario ver las cosas
desde más de un punto de vista.
Kavafis se llenaba los ojos de belleza
para poder entender la miseria del hombre.
Y al final del camino…. Ítaca, pero
¿quién quiere llegar al final del camino?
Saber que hemos de morir
no ha de impedirnos vivir…
(Este texto está escrito después de haber visto la obra de teatro: El encuentro de Descartes y el joven Pascal. Los destacados en negrita son diálogos tomados de la obra, salvo los dos que corresponden a poemas de Kavafis)
Iosu Moracho
Pamplona – Iruña 24 de marzo de 2009
día de San Romero de América, voz de los sin voz.
Paris: las hogueras en la noche
Seguro que hoy estarás leyendo el periódico,
preocupado por el mundo que conociste
que se escurre por el hueco de la cisterna del water.
Mira, dirás: Hay disturbios en París,
la ciudad que conocimos cuando éramos estudiantes.
Sí, te diré, hay disturbios en París,
los pobres queman los coches
para hacer menos oscura la noche de su miseria.
No les digas que al final siempre amanece,
díselo con un puesto de trabajo,
con un futuro al alcance de las manos,
díselo con una ayuda económica
para la educación de sus hijos,
una igualdad de oportunidades
en el mercado de la vida,
díselo con una salud digna,
una vivienda aceptable sin peligro de incendios,
créeme, ellos lo entenderán.
Dales un lugar a tu lado,
dales los mismos papeles de residencia que tienes tú,
que tus hijos jueguen con sus hijos,
que visiten contigo el mismo centro comercial,
dales coche nuevo cada tres o cuatro años,
televisión de plasma, vídeo, ordenador,
dales un lugar salubre con jardín
y con vistas al sol de cada tarde
que les quiten sus ganas de suicidarse
o de probar el mundo de los estupefacientes.
Créeme, algunos te preguntarán
si existe todo eso,
otros dirán que porqué no lo han tenido antes
y otros te exigirán que se lo des ya,
en nombre de tu Dios y del suyo
en nombre de todas tus buenas intenciones
en nombre de las gárgaras que haces
cuando dices Justicia y Democracia.
Si no lo haces, ya sabes,
ellos continuarán encendiendo hogueras por la noche,
quemando coches, tal vez el tuyo,
quemando escuelas, fábricas, iglesias, paraninfos...
¡Es tan terrible no tener luz...!
¡Es tan dura la oscuridad...!
¡La vida de ellos y de sus familias
bien vale un incendio, de tu conciencia!.
Publiqué este artículo con ocasión de los acontecimientos que se relatan en él.
preocupado por el mundo que conociste
que se escurre por el hueco de la cisterna del water.
Mira, dirás: Hay disturbios en París,
la ciudad que conocimos cuando éramos estudiantes.
Sí, te diré, hay disturbios en París,
los pobres queman los coches
para hacer menos oscura la noche de su miseria.
No les digas que al final siempre amanece,
díselo con un puesto de trabajo,
con un futuro al alcance de las manos,
díselo con una ayuda económica
para la educación de sus hijos,
una igualdad de oportunidades
en el mercado de la vida,
díselo con una salud digna,
una vivienda aceptable sin peligro de incendios,
créeme, ellos lo entenderán.
Dales un lugar a tu lado,
dales los mismos papeles de residencia que tienes tú,
que tus hijos jueguen con sus hijos,
que visiten contigo el mismo centro comercial,
dales coche nuevo cada tres o cuatro años,
televisión de plasma, vídeo, ordenador,
dales un lugar salubre con jardín
y con vistas al sol de cada tarde
que les quiten sus ganas de suicidarse
o de probar el mundo de los estupefacientes.
Créeme, algunos te preguntarán
si existe todo eso,
otros dirán que porqué no lo han tenido antes
y otros te exigirán que se lo des ya,
en nombre de tu Dios y del suyo
en nombre de todas tus buenas intenciones
en nombre de las gárgaras que haces
cuando dices Justicia y Democracia.
Si no lo haces, ya sabes,
ellos continuarán encendiendo hogueras por la noche,
quemando coches, tal vez el tuyo,
quemando escuelas, fábricas, iglesias, paraninfos...
¡Es tan terrible no tener luz...!
¡Es tan dura la oscuridad...!
¡La vida de ellos y de sus familias
bien vale un incendio, de tu conciencia!.
Publiqué este artículo con ocasión de los acontecimientos que se relatan en él.
El jardinero fiel
"El Papa Verde, para que ustedes lo sepan, es un señor que está metido en una oficina y tiene a sus órdenes millones de dólares. Mueve un dedo y camina o se detiene un barco. Dice una palabra y se compra una República. Estornuda y se cae un Presidente, General o Licenciado... Frota el trasero en la silla y estalla una revolución. Contra ese señor tenemos que luchar" Miguel Angel Asturias . Viento fuerte.
Estas reveladoras palabras pueden servir como ilustración del contenido de esta película que me atrevo a recomendarles para estas próximas Navidades. Pero "el jardinero fiel" es mucho más que eso, es además una historia de amor incondicional, es también el proceso de maduración de dos seres en su compromiso y en su coherencia y es por encima de todo una dura historia de la situación africana, espeluznante y agria, pero real y en último término, gracias a la solidaridad, esperanzadora. El nudo con el que se sale de la película, se disuelve en el análisis del sentido pleno de la palabra Fidelidad.
¿Qué pasaría si usted, sujeto de derechos en este primer mundo, descubriera que una empresa farmacéutica está experimentando un fármaco con su hijo/a, con el fin de descubrir si sus efectos secundarios son dañinos o no para la salud...?
Traslade ahora su pregunta imaginando que usted es africano/a y vuelva a hacerse la pregunta. ¿Coincide su respuesta?. Si su análisis ha sido algo parecido a "¡Qué importa, si después de todo van a morir igual...!", usted está en el reparto de la cinta. Medicinas desechables para vidas desechables. Bienvenidos a Africa, donde el sufrimiento no cabe en ningún poema.
Hoy en día vivimos en un mundo hipócrita en el que ser inconsciente es oto modo de ser culpable y en el que los culpables hace mucho que lo son conscientemente sin ninguna hipocresía moral. La larga mano de las multinacionales farmacéuticas para las que la vida no vale nada, es sólo un ejemplo más. Sobre todo si la vida en cuestión es una vida de mujer, pobre y de color; sí, la vida no vale nada, salvo para aumentar sus dividendos.
Dice la poeta Idoia Ikardo que "morir ha de ser como un despertar solo en un país extraño". Pues bien, imagínense que eso sea también vivir. Y sin embargo... Sin embargo Africa es ese lugar donde la fidelidad de un jardinero sencillamente abre un hueco para la esperanza. Cuando se les quite el miedo o se les acabe el coraje, plantéense entre otras soluciones la necesidad de salir de la rueda consumista e hipócrita de esta sociedad desequilibrada, porque es imposible deternerla en su loca carrera ladera abajo. Yo confío en que su sensibilidad les permita arrancar los hierbajos de su jardín y arrancar los hierbajos de su conciencia, vivir con honestidad, practicar la denuncia de los parásitos allá donde los haya y usar herbicidas no contaminante para eliminar a los pulgones y a los Papas Verdes.
Termino. En este primer mundo la vida nos pones demasiado habitualmente todos los entretenimientos y todas las distracciones posibles para trampearnos, pero la vida es corta y dura, se aprende con el dolor y las cosas que llamamos "importantes" en nuestra azarosa cotidianeidad, las cosas en las que empleamos buena parte de nuestro tiempo, quizás no lo sean del todo, y lo importante sea lo otro, lo que no es importante a primera vista, pero que curiosamente es lo que fundamenta nuestra vida. Dejen que sus hijos vayan a pasar miedo con King Kong o con Harry Potter, pero ustedes vayan a ver El Jardinero Fiel y dense un baño de dignidad y de solidaridad con los empobrecidos. Y luego actúen en consecuencia.
Iosu Moracho
En nombre del Comité Cristiano de Solidaridad
con América Latina de Nafarroa.
Estas reveladoras palabras pueden servir como ilustración del contenido de esta película que me atrevo a recomendarles para estas próximas Navidades. Pero "el jardinero fiel" es mucho más que eso, es además una historia de amor incondicional, es también el proceso de maduración de dos seres en su compromiso y en su coherencia y es por encima de todo una dura historia de la situación africana, espeluznante y agria, pero real y en último término, gracias a la solidaridad, esperanzadora. El nudo con el que se sale de la película, se disuelve en el análisis del sentido pleno de la palabra Fidelidad.
¿Qué pasaría si usted, sujeto de derechos en este primer mundo, descubriera que una empresa farmacéutica está experimentando un fármaco con su hijo/a, con el fin de descubrir si sus efectos secundarios son dañinos o no para la salud...?
Traslade ahora su pregunta imaginando que usted es africano/a y vuelva a hacerse la pregunta. ¿Coincide su respuesta?. Si su análisis ha sido algo parecido a "¡Qué importa, si después de todo van a morir igual...!", usted está en el reparto de la cinta. Medicinas desechables para vidas desechables. Bienvenidos a Africa, donde el sufrimiento no cabe en ningún poema.
Hoy en día vivimos en un mundo hipócrita en el que ser inconsciente es oto modo de ser culpable y en el que los culpables hace mucho que lo son conscientemente sin ninguna hipocresía moral. La larga mano de las multinacionales farmacéuticas para las que la vida no vale nada, es sólo un ejemplo más. Sobre todo si la vida en cuestión es una vida de mujer, pobre y de color; sí, la vida no vale nada, salvo para aumentar sus dividendos.
Dice la poeta Idoia Ikardo que "morir ha de ser como un despertar solo en un país extraño". Pues bien, imagínense que eso sea también vivir. Y sin embargo... Sin embargo Africa es ese lugar donde la fidelidad de un jardinero sencillamente abre un hueco para la esperanza. Cuando se les quite el miedo o se les acabe el coraje, plantéense entre otras soluciones la necesidad de salir de la rueda consumista e hipócrita de esta sociedad desequilibrada, porque es imposible deternerla en su loca carrera ladera abajo. Yo confío en que su sensibilidad les permita arrancar los hierbajos de su jardín y arrancar los hierbajos de su conciencia, vivir con honestidad, practicar la denuncia de los parásitos allá donde los haya y usar herbicidas no contaminante para eliminar a los pulgones y a los Papas Verdes.
Termino. En este primer mundo la vida nos pones demasiado habitualmente todos los entretenimientos y todas las distracciones posibles para trampearnos, pero la vida es corta y dura, se aprende con el dolor y las cosas que llamamos "importantes" en nuestra azarosa cotidianeidad, las cosas en las que empleamos buena parte de nuestro tiempo, quizás no lo sean del todo, y lo importante sea lo otro, lo que no es importante a primera vista, pero que curiosamente es lo que fundamenta nuestra vida. Dejen que sus hijos vayan a pasar miedo con King Kong o con Harry Potter, pero ustedes vayan a ver El Jardinero Fiel y dense un baño de dignidad y de solidaridad con los empobrecidos. Y luego actúen en consecuencia.
Iosu Moracho
En nombre del Comité Cristiano de Solidaridad
con América Latina de Nafarroa.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
El huracán de los pobres
Los que trabajaron duramente
en la parte trasera
de los paraísos turísticos,
los que vivían en los ruinosos suburbios
de Biloxi y Nueva Orleans,
aquellos que desde hacía mucho tiempo
se sabían vulnerables al desastre
si los diques fallaban,
los sin coche para escapar a tiempo,
los que fueron dejados atrás
por falta de un plan
para su rescate.
Los que hicieron largas colas
para entrar en el Superdome
y en el Centro de Convenciones
y largas colas para salir de allí,
aquellos que robaron comida,
zapatillas de deporte, televisores de plasma
y rifles de caza,
los negros y los pobres
los pobres negros y los negros pobres,
los negros hijos de puta...
Los que murieron soñando
con los ojos de Scarlett O´Hara
o con una frase de Tennessee Williams,
los que en la cuna del Jazz Dixie
vivieron una vida
de historias turbias, violentas y románticas,
aquellos que no leían el New York Times
y no compraban ropas de marca,
los mismos que con una maleta de andrajos
se quedaron sin libros, sin discos
y sin recuerdos.
Los crupiers del Hard Rock Café
y los que fueron al Treasure Bay
a reventar las tragaperras,
aquellos que robaron la capa de Elvis,
la gorra de Lennon
y el corsé de Madonna,
los que tomaban la ultima copa
asomados a los balcones de hierro forjado
del barrio francés,
cuando Katrina llegó.
Los que leían los libros de Faulkner
en las universidades de Tulane y de Loyola,
los que rezaban al Dios Huracán
desde la orilla del lago Pontchartrain,
aquellos que escaparon río arriba
de las novelas de Twain
en los viejos vapores de rueda
que aun surcan el Mississippi.
Los que dieron las gracias a Dios
y a Louis Armstrong
porque habían conseguido salir del infierno,
los que inventaron palabras mestizas,
canciones de colores
y costumbres maravillosas
con todo el ritmo de una ciudad palpitante,
los mismos que bajaban muriendo
por el viejo padre Mississippi,
los hijos del profundo sur
de la Norteamérica profunda,
los que vivían en la región
de Yoknapatwpha.
Los que murieron en la ciudad sumergida
y esperaron un funeral
con bandas de Jazz
que nunca llegó,
aquellos que nunca se beneficiarán
de un "concierto para la ayuda
de las víctimas del huracán".
Los que jamás supieron que fueron víctimas
del cambio climático del sistema,
los que murieron en el silencio
y en la incomprensión,
esos que se sintieron tirados
como animales en la calle,
los que se dejaron morir
esperando una ayuda
que nunca llegó,
aquellos que pagaron impuestos,
respetaron la ley
y murieron como buenos
norteamericanos.
(Artículo publicado en Diario de Noticias, después del huracán)
Los que trabajaron duramente
en la parte trasera
de los paraísos turísticos,
los que vivían en los ruinosos suburbios
de Biloxi y Nueva Orleans,
aquellos que desde hacía mucho tiempo
se sabían vulnerables al desastre
si los diques fallaban,
los sin coche para escapar a tiempo,
los que fueron dejados atrás
por falta de un plan
para su rescate.
Los que hicieron largas colas
para entrar en el Superdome
y en el Centro de Convenciones
y largas colas para salir de allí,
aquellos que robaron comida,
zapatillas de deporte, televisores de plasma
y rifles de caza,
los negros y los pobres
los pobres negros y los negros pobres,
los negros hijos de puta...
Los que murieron soñando
con los ojos de Scarlett O´Hara
o con una frase de Tennessee Williams,
los que en la cuna del Jazz Dixie
vivieron una vida
de historias turbias, violentas y románticas,
aquellos que no leían el New York Times
y no compraban ropas de marca,
los mismos que con una maleta de andrajos
se quedaron sin libros, sin discos
y sin recuerdos.
Los crupiers del Hard Rock Café
y los que fueron al Treasure Bay
a reventar las tragaperras,
aquellos que robaron la capa de Elvis,
la gorra de Lennon
y el corsé de Madonna,
los que tomaban la ultima copa
asomados a los balcones de hierro forjado
del barrio francés,
cuando Katrina llegó.
Los que leían los libros de Faulkner
en las universidades de Tulane y de Loyola,
los que rezaban al Dios Huracán
desde la orilla del lago Pontchartrain,
aquellos que escaparon río arriba
de las novelas de Twain
en los viejos vapores de rueda
que aun surcan el Mississippi.
Los que dieron las gracias a Dios
y a Louis Armstrong
porque habían conseguido salir del infierno,
los que inventaron palabras mestizas,
canciones de colores
y costumbres maravillosas
con todo el ritmo de una ciudad palpitante,
los mismos que bajaban muriendo
por el viejo padre Mississippi,
los hijos del profundo sur
de la Norteamérica profunda,
los que vivían en la región
de Yoknapatwpha.
Los que murieron en la ciudad sumergida
y esperaron un funeral
con bandas de Jazz
que nunca llegó,
aquellos que nunca se beneficiarán
de un "concierto para la ayuda
de las víctimas del huracán".
Los que jamás supieron que fueron víctimas
del cambio climático del sistema,
los que murieron en el silencio
y en la incomprensión,
esos que se sintieron tirados
como animales en la calle,
los que se dejaron morir
esperando una ayuda
que nunca llegó,
aquellos que pagaron impuestos,
respetaron la ley
y murieron como buenos
norteamericanos.
(Artículo publicado en Diario de Noticias, después del huracán)
El jardinero fiel
"El Papa Verde, para que ustedes lo sepan, es un señor que está metido en una oficina y tiene a sus órdenes millones de dólares. Mueve un dedo y camina o se detiene un barco. Dice una palabra y se compra una República. Estornuda y se cae un Presidente, General o Licenciado... Frota el trasero en la silla y estalla una revolución. Contra ese señor tenemos que luchar" Miguel Angel Asturias . Viento fuerte.
Estas reveladoras palabras pueden servir como ilustración del contenido de esta película que me atrevo a recomendarles para estas próximas Navidades. Pero "el jardinero fiel" es mucho más que eso, es además una historia de amor incondicional, es también el proceso de maduración de dos seres en su compromiso y en su coherencia y es por encima de todo una dura historia de la situación africana, espeluznante y agria, pero real y en último término, gracias a la solidaridad, esperanzadora. El nudo con el que se sale de la película, se disuelve en el análisis del sentido pleno de la palabra Fidelidad.
¿Qué pasaría si usted, sujeto de derechos en este primer mundo, descubriera que una empresa farmacéutica está experimentando un fármaco con su hijo/a, con el fin de descubrir si sus efectos secundarios son dañinos o no para la salud...?
Traslade ahora su pregunta imaginando que usted es africano/a y vuelva a hacerse la pregunta. ¿Coincide su respuesta?. Si su análisis ha sido algo parecido a "¡Qué importa, si después de todo van a morir igual...!", usted está en el reparto de la cinta. Medicinas desechables para vidas desechables. Bienvenidos a Africa, donde el sufrimiento no cabe en ningún poema.
Hoy en día vivimos en un mundo hipócrita en el que ser inconsciente es oto modo de ser culpable y en el que los culpables hace mucho que lo son conscientemente sin ninguna hipocresía moral. La larga mano de las multinacionales farmacéuticas para las que la vida no vale nada, es sólo un ejemplo más. Sobre todo si la vida en cuestión es una vida de mujer, pobre y de color; sí, la vida no vale nada, salvo para aumentar sus dividendos.
Dice la poeta Idoia Ikardo que "morir ha de ser como un despertar solo en un país extraño". Pues bien, imagínense que eso sea también vivir. Y sin embargo... Sin embargo Africa es ese lugar donde la fidelidad de un jardinero sencillamente abre un hueco para la esperanza. Cuando se les quite el miedo o se les acabe el coraje, plantéense entre otras soluciones la necesidad de salir de la rueda consumista e hipócrita de esta sociedad desequilibrada, porque es imposible deternerla en su loca carrera ladera abajo. Yo confío en que su sensibilidad les permita arrancar los hierbajos de su jardín y arrancar los hierbajos de su conciencia, vivir con honestidad, practicar la denuncia de los parásitos allá donde los haya y usar herbicidas no contaminante para eliminar a los pulgones y a los Papas Verdes.
Termino. En este primer mundo la vida nos pones demasiado habitualmente todos los entretenimientos y todas las distracciones posibles para trampearnos, pero la vida es corta y dura, se aprende con el dolor y las cosas que llamamos "importantes" en nuestra azarosa cotidianeidad, las cosas en las que empleamos buena parte de nuestro tiempo, quizás no lo sean del todo, y lo importante sea lo otro, lo que no es importante a primera vista, pero que curiosamente es lo que fundamenta nuestra vida. Dejen que sus hijos vayan a pasar miedo con King Kong o con Harry Potter, pero ustedes vayan a ver El Jardinero Fiel y dense un baño de dignidad y de solidaridad con los empobrecidos. Y luego actúen en consecuencia.
Iosu Moracho
En nombre del Comité Cristiano de Solidaridad
con América Latina de Nafarroa.
(Artículo publicado tras ver la película)
"El Papa Verde, para que ustedes lo sepan, es un señor que está metido en una oficina y tiene a sus órdenes millones de dólares. Mueve un dedo y camina o se detiene un barco. Dice una palabra y se compra una República. Estornuda y se cae un Presidente, General o Licenciado... Frota el trasero en la silla y estalla una revolución. Contra ese señor tenemos que luchar" Miguel Angel Asturias . Viento fuerte.
Estas reveladoras palabras pueden servir como ilustración del contenido de esta película que me atrevo a recomendarles para estas próximas Navidades. Pero "el jardinero fiel" es mucho más que eso, es además una historia de amor incondicional, es también el proceso de maduración de dos seres en su compromiso y en su coherencia y es por encima de todo una dura historia de la situación africana, espeluznante y agria, pero real y en último término, gracias a la solidaridad, esperanzadora. El nudo con el que se sale de la película, se disuelve en el análisis del sentido pleno de la palabra Fidelidad.
¿Qué pasaría si usted, sujeto de derechos en este primer mundo, descubriera que una empresa farmacéutica está experimentando un fármaco con su hijo/a, con el fin de descubrir si sus efectos secundarios son dañinos o no para la salud...?
Traslade ahora su pregunta imaginando que usted es africano/a y vuelva a hacerse la pregunta. ¿Coincide su respuesta?. Si su análisis ha sido algo parecido a "¡Qué importa, si después de todo van a morir igual...!", usted está en el reparto de la cinta. Medicinas desechables para vidas desechables. Bienvenidos a Africa, donde el sufrimiento no cabe en ningún poema.
Hoy en día vivimos en un mundo hipócrita en el que ser inconsciente es oto modo de ser culpable y en el que los culpables hace mucho que lo son conscientemente sin ninguna hipocresía moral. La larga mano de las multinacionales farmacéuticas para las que la vida no vale nada, es sólo un ejemplo más. Sobre todo si la vida en cuestión es una vida de mujer, pobre y de color; sí, la vida no vale nada, salvo para aumentar sus dividendos.
Dice la poeta Idoia Ikardo que "morir ha de ser como un despertar solo en un país extraño". Pues bien, imagínense que eso sea también vivir. Y sin embargo... Sin embargo Africa es ese lugar donde la fidelidad de un jardinero sencillamente abre un hueco para la esperanza. Cuando se les quite el miedo o se les acabe el coraje, plantéense entre otras soluciones la necesidad de salir de la rueda consumista e hipócrita de esta sociedad desequilibrada, porque es imposible deternerla en su loca carrera ladera abajo. Yo confío en que su sensibilidad les permita arrancar los hierbajos de su jardín y arrancar los hierbajos de su conciencia, vivir con honestidad, practicar la denuncia de los parásitos allá donde los haya y usar herbicidas no contaminante para eliminar a los pulgones y a los Papas Verdes.
Termino. En este primer mundo la vida nos pones demasiado habitualmente todos los entretenimientos y todas las distracciones posibles para trampearnos, pero la vida es corta y dura, se aprende con el dolor y las cosas que llamamos "importantes" en nuestra azarosa cotidianeidad, las cosas en las que empleamos buena parte de nuestro tiempo, quizás no lo sean del todo, y lo importante sea lo otro, lo que no es importante a primera vista, pero que curiosamente es lo que fundamenta nuestra vida. Dejen que sus hijos vayan a pasar miedo con King Kong o con Harry Potter, pero ustedes vayan a ver El Jardinero Fiel y dense un baño de dignidad y de solidaridad con los empobrecidos. Y luego actúen en consecuencia.
Iosu Moracho
En nombre del Comité Cristiano de Solidaridad
con América Latina de Nafarroa.
(Artículo publicado tras ver la película)
11 N.Y.
Dicen que los productores de Hollywood se han apresurado a retirar de las pantallas la escena reina de la película del último superhéroe de Marvel. Ya no veremos a Spiderman trazando su trampa de tela de araña entre las Twin Towers para atrapar a su enemigo el escorpión.
Dicen que esto no hubiera ocurrido si el bueno de Clark Kent no se hubiera caído del caballo y Superman no estuviera desde hace años parapléjico en una silla de ruedas.
El caso es que la noche es más noche en N. Y. sin la luz parpadeante de las Twins, y que la gran manzana ha sufrido con crudeza y alevosía un bocado mucho mayor que el del emblema de la firma Apple.
Dicen los analistas que el 11 N.Y. es la fecha oficial de entrada en el siglo XXI, como cuando en la escuela nos enseñaban que 1453, la toma de Constantinopla por los turcos, era el inicio de otra era.
A imitación de lo que Constantinopla hizo entonces ante la acometida del turco Mehmet, la ciudad entera se ha cubierto la cabeza y el cuerpo de polvo como recuerdo de los miles de civiles y voluntarios muertos que todavía yacen bajo los escombros.
¿Qué decir de los asesinos ?. “La violencia garantiza que todo será igual” escribió Bertolt Brecht. Cualquier condena que encadene detrás suya la venganza, lo único que hará será perpetuar el problema en una prolongada espiral.
Ante todo, en estos momentos de confusión, temor y desconcierto, tenemos que resituarnos. Más que nunca son necesarias las orientaciones, y desde luego, si miramos a las páginas de la prensa de estos días pasados, ha habido todo tipo de agoreros. Desde aquellos que veían cumplidas las profecías apocalípticas de Nostradamus e invitaban a asaltar los grandes almacenes para hacer acopio de víveres, hasta aquellos que daban cancha libre al presidente americano para ejercer “la respuesta”.
Muy pocas voces se han elevado sobre el horror y la condena con la bandera de la reflexión. Sólo una congresista americana (mujer y de color) de los 421, se detuvo y pidió esa reflexión como paso previo a una decisión justificada.
En Europa todas las voces de los mandatarios se han plegado a esa declaración de guerra que el presidente Bush ha hecho “contra los que han declarado la guerra a los EEUU”.
Rusia ha hecho lo propio, si bien se niega a prestar su espacio aéreo para que Estados Unidos haga sus incursiones sobre Afganistán. Sólo Georgia ha aceptado prestar sus bases de lanzamiento a los americanos.
China ha condenado el brutal atentado, si bien, el mismo martes firmó un acuerdo con Pakistán para retener a la guerrilla musulmana que opera en su provincia de Xingianj a cambio de ayuda económica.
Pakistán se encuentra en la difícil situación de tener 2.500 kilómetros de frontera con Afganistán y estar recibiendo un contingente de refugiados que no es capaz de asumir humanitariamente.
Afganistán, por otra parte, ha dicho que está dispuesto a entregar a Osama Bin Laden siempre que se demuestre que es el culpable, cosa que niega éste. El régimen talibán se encuentra sumido en una guerra civil, en un país pobre, en el cual hay zonas que no controla.
Está claro, y así lo han demostrado, que los talibanes no son hermanitas de la caridad, pero si EEUU desata su furia contra este país, la principal víctima sería su población civil. Sin embargo, un sólo muerto de más de un bando o de otro, ya no serían daños colaterales o fuego amigo, serían asesinatos consentidos por silencio o connivencia.
Lo que se espera de EEUU, como “país democrático, occidental, firmante de una serie de cartas de derechos humanos y apóstrofe de la libertad”, es que atrape a los terroristas, los juzgue y los condene. Lo que se debería esperar es que paliara esas consecuencias cambiando su política de causas. Pero lo que de verdad espera todo el mundo es lo de siempre, más de los mismo : Demostración de fuerza, ostentación y acierto tecnológico (Bombas inteligentes, misiles listísimos, balas con licenciatura académica para matar sólo a los terroristas…), y por qué no, bombardeos, napalm, armas químicas, política de tierra arrasada cuadrícula a cuadrícula…
¿Se imaginan ustedes el bombardeo de Euskalherria para atrapar al número uno de ETA ?.
¿El objetivo es atrapar a Bin Laden o demostrar ante todo el mundo (incluida la insegura población americana) que el orgullo americano exige sangre y que el descubrimiento de la vulnerabilidad de EEUU, a ojos vista, se paga con muchos metros cúbicos de sangre… ?
Terrorismo. Acto brutal, condenable e injustificable de terrorismo. Eso ha sido el 11 N. Y. Acto de guerra lo llama el presidente Bush. El matiz es importante. La guerra le da la carta blanca para la violencia.
El caso es que EEUU ha venido legislando en su país leyes que afectan a otros países en nombre de su seguridad nacional, y con esa coartada en la mano ha intervenido, bloqueado, juzgado y ejecutado, y ha impuesto una globalización a su conveniencia con unos instrumentos, FMI, BM, ONU… que maneja para su ombligo.
La situación que se ha creado a nivel mundial es insostenible. La negativa de EEUU a firmar el protocolo de KIOTO, el hecho de que Norteamérica sea el país que más consume de todo el mundo dilapidando los recursos naturales de medio mundo, o su veto sistemático en la ONU o en otros organismos a cualquier decisión que afecte a sus amplios intereses no son más que una clara manifestación de las actitudes prepotentes del amigo americano.
Lo de las Twim Towers y lo del pentágono, no lo olvidemos, ha sido una consecuencia de una política imperialista y de una globalización excluyente que el mundo ha venido padeciendo día a día con su incesante goteo de muertos.
Lo decía el otro día un representante del gobierno israelí. Durante todos estos años de guerra árabe israelí ha habido unos 20.000 muertos…
Por primera vez se ha alzado en el escenario mundial una voz distinta a las voces uniformes del sistema. Una voz anti-sistema, anti-vida, anti-todo. Ha sido una voz brutal, deleznable, bárbara, indolente, condenable e injustificable, pero es una voz que ha surgido acumulando un odio ancestral, una voz que aún puede ser más brutal (¿se imaginan ustedes un avión sobre una central nuclear provocando el efecto de varios Chernobil ?). Una voz que el mundo debe acallar, pero no desde la violencia indiscriminada, sino desde la justicia. No sólo desde la ación judicial contra los terroristas, sino también despertando un nuevo mundo en el que todas las voces sean escuchadas, todos los seres sean dignos, todas las naciones tengan su espacio y su reconocimiento.
La política de la globalización neoliberadora es excluyente de grandes masas, racista e imperialista, y dicha política sólo nos llevará a nuevos 11 N. Y. Más temprano o más tarde, independientemente de toda la maquinaria de guerra que desate EEUU y sus comparsas en Europa, como ya se ha visto.
Decía Ludwiig von Boltzmann en su teoría de la entropía que “el desorden tiende siempre a aumentar en un sistema cerrado”, y el sistema capitalista lo es sin ninguna duda.
Las demostraciones violentas que conocemos y las que recientemente nos han conmocionado a todos no salvarán el mundo ni lo cambiaran, ¿o todavía cree alguien que matando campesinos guatemaltecos, colombianos, afganos o sudaneses, o oficinistas, limpiacristales, corredores de comercio o secretarias neoyorquinas vamos a transformar el mundo ?. Parece que sí.
Iosu Moracho.
(Artículo publicado tras el 11S en Diario de Noticias)
Dicen que los productores de Hollywood se han apresurado a retirar de las pantallas la escena reina de la película del último superhéroe de Marvel. Ya no veremos a Spiderman trazando su trampa de tela de araña entre las Twin Towers para atrapar a su enemigo el escorpión.
Dicen que esto no hubiera ocurrido si el bueno de Clark Kent no se hubiera caído del caballo y Superman no estuviera desde hace años parapléjico en una silla de ruedas.
El caso es que la noche es más noche en N. Y. sin la luz parpadeante de las Twins, y que la gran manzana ha sufrido con crudeza y alevosía un bocado mucho mayor que el del emblema de la firma Apple.
Dicen los analistas que el 11 N.Y. es la fecha oficial de entrada en el siglo XXI, como cuando en la escuela nos enseñaban que 1453, la toma de Constantinopla por los turcos, era el inicio de otra era.
A imitación de lo que Constantinopla hizo entonces ante la acometida del turco Mehmet, la ciudad entera se ha cubierto la cabeza y el cuerpo de polvo como recuerdo de los miles de civiles y voluntarios muertos que todavía yacen bajo los escombros.
¿Qué decir de los asesinos ?. “La violencia garantiza que todo será igual” escribió Bertolt Brecht. Cualquier condena que encadene detrás suya la venganza, lo único que hará será perpetuar el problema en una prolongada espiral.
Ante todo, en estos momentos de confusión, temor y desconcierto, tenemos que resituarnos. Más que nunca son necesarias las orientaciones, y desde luego, si miramos a las páginas de la prensa de estos días pasados, ha habido todo tipo de agoreros. Desde aquellos que veían cumplidas las profecías apocalípticas de Nostradamus e invitaban a asaltar los grandes almacenes para hacer acopio de víveres, hasta aquellos que daban cancha libre al presidente americano para ejercer “la respuesta”.
Muy pocas voces se han elevado sobre el horror y la condena con la bandera de la reflexión. Sólo una congresista americana (mujer y de color) de los 421, se detuvo y pidió esa reflexión como paso previo a una decisión justificada.
En Europa todas las voces de los mandatarios se han plegado a esa declaración de guerra que el presidente Bush ha hecho “contra los que han declarado la guerra a los EEUU”.
Rusia ha hecho lo propio, si bien se niega a prestar su espacio aéreo para que Estados Unidos haga sus incursiones sobre Afganistán. Sólo Georgia ha aceptado prestar sus bases de lanzamiento a los americanos.
China ha condenado el brutal atentado, si bien, el mismo martes firmó un acuerdo con Pakistán para retener a la guerrilla musulmana que opera en su provincia de Xingianj a cambio de ayuda económica.
Pakistán se encuentra en la difícil situación de tener 2.500 kilómetros de frontera con Afganistán y estar recibiendo un contingente de refugiados que no es capaz de asumir humanitariamente.
Afganistán, por otra parte, ha dicho que está dispuesto a entregar a Osama Bin Laden siempre que se demuestre que es el culpable, cosa que niega éste. El régimen talibán se encuentra sumido en una guerra civil, en un país pobre, en el cual hay zonas que no controla.
Está claro, y así lo han demostrado, que los talibanes no son hermanitas de la caridad, pero si EEUU desata su furia contra este país, la principal víctima sería su población civil. Sin embargo, un sólo muerto de más de un bando o de otro, ya no serían daños colaterales o fuego amigo, serían asesinatos consentidos por silencio o connivencia.
Lo que se espera de EEUU, como “país democrático, occidental, firmante de una serie de cartas de derechos humanos y apóstrofe de la libertad”, es que atrape a los terroristas, los juzgue y los condene. Lo que se debería esperar es que paliara esas consecuencias cambiando su política de causas. Pero lo que de verdad espera todo el mundo es lo de siempre, más de los mismo : Demostración de fuerza, ostentación y acierto tecnológico (Bombas inteligentes, misiles listísimos, balas con licenciatura académica para matar sólo a los terroristas…), y por qué no, bombardeos, napalm, armas químicas, política de tierra arrasada cuadrícula a cuadrícula…
¿Se imaginan ustedes el bombardeo de Euskalherria para atrapar al número uno de ETA ?.
¿El objetivo es atrapar a Bin Laden o demostrar ante todo el mundo (incluida la insegura población americana) que el orgullo americano exige sangre y que el descubrimiento de la vulnerabilidad de EEUU, a ojos vista, se paga con muchos metros cúbicos de sangre… ?
Terrorismo. Acto brutal, condenable e injustificable de terrorismo. Eso ha sido el 11 N. Y. Acto de guerra lo llama el presidente Bush. El matiz es importante. La guerra le da la carta blanca para la violencia.
El caso es que EEUU ha venido legislando en su país leyes que afectan a otros países en nombre de su seguridad nacional, y con esa coartada en la mano ha intervenido, bloqueado, juzgado y ejecutado, y ha impuesto una globalización a su conveniencia con unos instrumentos, FMI, BM, ONU… que maneja para su ombligo.
La situación que se ha creado a nivel mundial es insostenible. La negativa de EEUU a firmar el protocolo de KIOTO, el hecho de que Norteamérica sea el país que más consume de todo el mundo dilapidando los recursos naturales de medio mundo, o su veto sistemático en la ONU o en otros organismos a cualquier decisión que afecte a sus amplios intereses no son más que una clara manifestación de las actitudes prepotentes del amigo americano.
Lo de las Twim Towers y lo del pentágono, no lo olvidemos, ha sido una consecuencia de una política imperialista y de una globalización excluyente que el mundo ha venido padeciendo día a día con su incesante goteo de muertos.
Lo decía el otro día un representante del gobierno israelí. Durante todos estos años de guerra árabe israelí ha habido unos 20.000 muertos…
Por primera vez se ha alzado en el escenario mundial una voz distinta a las voces uniformes del sistema. Una voz anti-sistema, anti-vida, anti-todo. Ha sido una voz brutal, deleznable, bárbara, indolente, condenable e injustificable, pero es una voz que ha surgido acumulando un odio ancestral, una voz que aún puede ser más brutal (¿se imaginan ustedes un avión sobre una central nuclear provocando el efecto de varios Chernobil ?). Una voz que el mundo debe acallar, pero no desde la violencia indiscriminada, sino desde la justicia. No sólo desde la ación judicial contra los terroristas, sino también despertando un nuevo mundo en el que todas las voces sean escuchadas, todos los seres sean dignos, todas las naciones tengan su espacio y su reconocimiento.
La política de la globalización neoliberadora es excluyente de grandes masas, racista e imperialista, y dicha política sólo nos llevará a nuevos 11 N. Y. Más temprano o más tarde, independientemente de toda la maquinaria de guerra que desate EEUU y sus comparsas en Europa, como ya se ha visto.
Decía Ludwiig von Boltzmann en su teoría de la entropía que “el desorden tiende siempre a aumentar en un sistema cerrado”, y el sistema capitalista lo es sin ninguna duda.
Las demostraciones violentas que conocemos y las que recientemente nos han conmocionado a todos no salvarán el mundo ni lo cambiaran, ¿o todavía cree alguien que matando campesinos guatemaltecos, colombianos, afganos o sudaneses, o oficinistas, limpiacristales, corredores de comercio o secretarias neoyorquinas vamos a transformar el mundo ?. Parece que sí.
Iosu Moracho.
(Artículo publicado tras el 11S en Diario de Noticias)
La danza de la vida
Que la vida es un baile, lo saben todas aquellas personas que sueñan y esperan ver sus sueños cumplidos algún día. Que la vida es danza, lo saben quienes tienen el privilegio de bailar la vida a golpe de cadera y a ritmo de tacón.
Bailar es -dicen- soñar con los pies. Tomar tierra y asentarse en este mundo, sabiendo que volar es tarea de locos, de poetas y de sabios.
Siempre he admirado a quienes son capaces de expresar con su cuerpo lo que sienten en su alma. Aquello que otros decimos con palabras... Tengo pues que rendir homenaje, a quien bailando toda la vida, sabe contagiar su poética del baile, a tanta gente y durante tantos años, creando escuela de arte, de danza y de vida.
Maribel: ¡Cuánto tenemos que aprender de ti y cuánto tienes todavía por enseñarnos!
La danza, ese arte en el que las emociones se mueven al compás de una música, entre las bambalinas de un escenario.
Una vez me dijo una amiga que también vive la vida bailando: “Tú que escribes. Coge uno de tus poemas. Uno que te guste. Y báilalo… Usa tus manos, tus brazos, tus caderas. Mueve tus pies para mover tu espíritu. Siente y pisa. Baila y canta, pero en silencio. Porque la vida se baila así, coleccionando silencios.
Abrazo tu leña y juntos ardemos… Nos miran los que observan este baile de lenguas de fuego en la hoguera de la noche…
Tú que sientes la vida corriendo por tus venas, ¿a qué esperas para bailar todos sus acontecimientos?
Muchos años llevo yendo, a esa escuelita sencilla, familiar, cálida y humana en la Avenida Baja Navarra de nuestra vieja Iruña: El estudio de danza Ravel. Muchos años, de espectador, llevando a Miriam, mi pequeña, para verla crecer y verla bailar la vida: Clásico, hip-hop, danza del vientre…
La vida nos mueve a ritmos insospechados. Y todo en la vida se mueve. ¿Acaso no bailan los pájaros cuando vuelan? ¿Acaso no bailan las nubes que pasan sobre nuestras cabezas haciendo formas distintas? ¿Acaso no bailan las flores en los herbazales con la música del viento?
Si Maribel, bailar la vida y vivir la danza. Como tú. Como los maestros de baile de tu pequeña escuela. No lo dudes, el próximo martes nos vemos de nuevo.
Iosu Moracho
(Artículo publicado en Diario de Noticias. Diciembre 2010)
Que la vida es un baile, lo saben todas aquellas personas que sueñan y esperan ver sus sueños cumplidos algún día. Que la vida es danza, lo saben quienes tienen el privilegio de bailar la vida a golpe de cadera y a ritmo de tacón.
Bailar es -dicen- soñar con los pies. Tomar tierra y asentarse en este mundo, sabiendo que volar es tarea de locos, de poetas y de sabios.
Siempre he admirado a quienes son capaces de expresar con su cuerpo lo que sienten en su alma. Aquello que otros decimos con palabras... Tengo pues que rendir homenaje, a quien bailando toda la vida, sabe contagiar su poética del baile, a tanta gente y durante tantos años, creando escuela de arte, de danza y de vida.
Maribel: ¡Cuánto tenemos que aprender de ti y cuánto tienes todavía por enseñarnos!
La danza, ese arte en el que las emociones se mueven al compás de una música, entre las bambalinas de un escenario.
Una vez me dijo una amiga que también vive la vida bailando: “Tú que escribes. Coge uno de tus poemas. Uno que te guste. Y báilalo… Usa tus manos, tus brazos, tus caderas. Mueve tus pies para mover tu espíritu. Siente y pisa. Baila y canta, pero en silencio. Porque la vida se baila así, coleccionando silencios.
Abrazo tu leña y juntos ardemos… Nos miran los que observan este baile de lenguas de fuego en la hoguera de la noche…
Tú que sientes la vida corriendo por tus venas, ¿a qué esperas para bailar todos sus acontecimientos?
Muchos años llevo yendo, a esa escuelita sencilla, familiar, cálida y humana en la Avenida Baja Navarra de nuestra vieja Iruña: El estudio de danza Ravel. Muchos años, de espectador, llevando a Miriam, mi pequeña, para verla crecer y verla bailar la vida: Clásico, hip-hop, danza del vientre…
La vida nos mueve a ritmos insospechados. Y todo en la vida se mueve. ¿Acaso no bailan los pájaros cuando vuelan? ¿Acaso no bailan las nubes que pasan sobre nuestras cabezas haciendo formas distintas? ¿Acaso no bailan las flores en los herbazales con la música del viento?
Si Maribel, bailar la vida y vivir la danza. Como tú. Como los maestros de baile de tu pequeña escuela. No lo dudes, el próximo martes nos vemos de nuevo.
Iosu Moracho
(Artículo publicado en Diario de Noticias. Diciembre 2010)
Haití: Grito de los pobres, grito de Dios
El 12 de enero, en Haití, la gente se levantó de madrugada, como todos los días y se fue a la vida. Pero a media tarde, a las cinco menos diez, -los colegios cierran a las cinco- la tierra se estremeció con dolores de parto y el terremoto despertó todos los gritos y todos los llantos.
La tierra en la que uno nace es una piel amada; cuando tiembla, esa piel se desgarra y esa ruptura llega hasta el corazón. Haití es hoy un corazón roto, un corazón desolado.
Sólo desde el silencio desgarrador de la vivencia de la intemperie se puede estremecer solidariamente nuestro corazón.
Ayer Haití no existía. Los invisibles nunca existen cuando el río no suena. Hoy, dicen, Haití ya no existe. Ya no… Y sin embargo, Haití sí existe. Dolor y miseria. Dignidad. Humanidad a gritos. Latido profundo de la tierra que gime.
¡Ay de ti y de mí si Haití no existiera!
La escucha profunda del dolor, nos ha permitido tocar la pobreza con la punta de los dedos. Haití: ¡Corazón herido de muerte y de humanidad!
Entre las piedras, el latir de la vida, la inmediatez del otro, el hermano de lejos, tocando el alma del hermano de cerca. El de lejos… ese que alumbra una piel negra que brilla bajo el sol.
Desde este primer mundo, en silencio, miramos a Haití. No podemos dejar de sentirnos responsables.
Para que otro Haití, distinto al que era y al que es, sea posible, este primer mundo necesita cambiar su corazón. Este primer mundo necesita cambiar sus estructuras y sus andamiajes. Desde la vieja Europa miramos por la ventana y soñamos. Nada hay más educativo que mirar desde las ventanas. Luego, bajamos a la calle para reconocernos en el día a día. Lejos, el tambor de la tierra tiembla. La tierra se abre. Sus entrañas se desgarran. ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios en Haití? Y alguien señala. Está ahí, enterrado, bajo los escombros de esa escuela en la que ayer estudiaban trescientos niños que soñaban un mundo mejor y miraban la vida por las ventanas.
Haití sí existe. Haití sí existe… Es catástrofe de la naturaleza, catástrofe de la historia, escándalo de nuestra miseria y oportunidad de cambiar nuestro corazón de piedra por otro hecho de ternura y solidaridad.
Sólo echando raíces entre los pobres podremos “sujetar la tierra” para que no tiemble. El Dios de la vida no puede dejar de escuchar el lamento del mundo y el grito desolado de los haitianos…
En nombre del Comité Cristiano de Solidaridad con América Latina
Iosu Moracho
(Artículo publicado en el Diario de Noticias)
El 12 de enero, en Haití, la gente se levantó de madrugada, como todos los días y se fue a la vida. Pero a media tarde, a las cinco menos diez, -los colegios cierran a las cinco- la tierra se estremeció con dolores de parto y el terremoto despertó todos los gritos y todos los llantos.
La tierra en la que uno nace es una piel amada; cuando tiembla, esa piel se desgarra y esa ruptura llega hasta el corazón. Haití es hoy un corazón roto, un corazón desolado.
Sólo desde el silencio desgarrador de la vivencia de la intemperie se puede estremecer solidariamente nuestro corazón.
Ayer Haití no existía. Los invisibles nunca existen cuando el río no suena. Hoy, dicen, Haití ya no existe. Ya no… Y sin embargo, Haití sí existe. Dolor y miseria. Dignidad. Humanidad a gritos. Latido profundo de la tierra que gime.
¡Ay de ti y de mí si Haití no existiera!
La escucha profunda del dolor, nos ha permitido tocar la pobreza con la punta de los dedos. Haití: ¡Corazón herido de muerte y de humanidad!
Entre las piedras, el latir de la vida, la inmediatez del otro, el hermano de lejos, tocando el alma del hermano de cerca. El de lejos… ese que alumbra una piel negra que brilla bajo el sol.
Desde este primer mundo, en silencio, miramos a Haití. No podemos dejar de sentirnos responsables.
Para que otro Haití, distinto al que era y al que es, sea posible, este primer mundo necesita cambiar su corazón. Este primer mundo necesita cambiar sus estructuras y sus andamiajes. Desde la vieja Europa miramos por la ventana y soñamos. Nada hay más educativo que mirar desde las ventanas. Luego, bajamos a la calle para reconocernos en el día a día. Lejos, el tambor de la tierra tiembla. La tierra se abre. Sus entrañas se desgarran. ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios en Haití? Y alguien señala. Está ahí, enterrado, bajo los escombros de esa escuela en la que ayer estudiaban trescientos niños que soñaban un mundo mejor y miraban la vida por las ventanas.
Haití sí existe. Haití sí existe… Es catástrofe de la naturaleza, catástrofe de la historia, escándalo de nuestra miseria y oportunidad de cambiar nuestro corazón de piedra por otro hecho de ternura y solidaridad.
Sólo echando raíces entre los pobres podremos “sujetar la tierra” para que no tiemble. El Dios de la vida no puede dejar de escuchar el lamento del mundo y el grito desolado de los haitianos…
En nombre del Comité Cristiano de Solidaridad con América Latina
Iosu Moracho
(Artículo publicado en el Diario de Noticias)
El grito de Ezequiel
Ayer murió Jesús Lezaun, uno de los nuestros…
Jesús fue un hombre libre y consecuente, con las ideas claras, cuya voz siempre se hacía oír cuando había una causa que interesaba a la justicia y al corazón humano.
Hombre con ideales y con raíces. Sabía y sentía muy bien a qué pueblo pertenecía y cuáles eran los orígenes y el sufrimiento de ese pueblo.
Castigado, censurado, acallado y proscrito por los poderosos y por las jerarquías. Jesús hablaba desde el corazón, un corazón en el que ese otro Jesús, el de los empobrecidos, el Dios de la Vida, brillaba con ternura.
Hace casi veinticinco años, Jesús estuvo en El Salvador en un viaje pastoral, conociendo y compartiendo la vida y el sufrimiento del pueblo salvadoreño. El asesinato de Monseñor Romero era reciente y el contacto con las comunidades de base y la realidad de pobreza y violencia que vio impactaron fuertemente en él. A la vuelta, reafirmado y reconvertido en el Señor de la Historia, nos contaba y nos apremiaba a mantener encendida la llama de la solidaridad. Hace pocos días, el 28 de diciembre en una oración por los todos los inocentes de este mundo, nos lo recordaba también nuestro hermano Jon Sobrino. Debemos comprometernos con las causas de los oprimidos porque cambiar este mundo es posible y necesario.
A Jesús quisieron callarlo en numerosas circunstancias, pero nunca le callaron. Igual que a Jesús de Nazaret. El también llamó hipócritas y fariseos a quienes desde el poder mostraban una cara pública, para luego hacer y deshacer a su antojo y sin escrúpulo.
Jesús fue polémico porque hasta callado nunca se callaba. Siempre anduvo en busca de la Verdad. Hombre de fe profunda –muchas veces a pesar de esa iglesia a la que nunca dejó de pertenecer-.
Jesús nos enseñó a analizar cada acontecimiento con rigor, a tener memoria histórica, y sobre todo a conservar una mirada humana y diferente sobre la realidad que nos rodeaba.
Siempre lo sentimos con nosotros. Siempre supimos que era uno de los nuestros.
Jesús fue una armillita de luz que iluminaba los caminos de la esperanza. Su denuncia siempre mostraba ese “otro” camino, el de los senderos que llevan al Jesús de los pobres.
Era un profeta y como profeta se escandalizaba de muchas cosas: La iglesia de Dios debe ser pobre… Con la violencia no vamos a ninguna parte… Los oprimidos son los preferidos de Dios…
Amigo Jesús: Hoy Ezequiel, el profeta del Antiguo Testamento está más afónico que nunca de tanto gritar, de tanto denunciar. Hoy cuando todo parece venirse abajo: la sociedad en crisis, la iglesia en crisis, el ser humano en crisis, lo único que permanece como una luz es el sufrimiento de los pobres. Hoy los de Haití. Mañana otros. ¡Y aún no vemos el camino!
Ellos son el camino. Ellos y sus causas de Justicia. Dios está indignado. Tú lo sabías. ¡Que los poderosos se traguen sus palabras hasta que encuentren en sus entrañas el sabor de la miel!
Gracias Jesús por acompañarnos; gracias por abrirnos el corazón a Jesús de Nazaret; gracias por animar a comprometernos con la vida; y gracias por enseñarnos que por muy poderoso que sea el enemigo, Dios no permite que nuestro espíritu permanezca en la intemperie.
“Os daré un corazón nuevo
y pondré dentro un espíritu nuevo;
os quitaré el corazón de piedra
y os pondré un corazón de carne”
Agur Jesús, hasta que volvamos a vernos…
Iosu Moracho (Artículo publicado en Diario de Noticias con motivo de la muerte de Jesús Lezaun)
Ayer murió Jesús Lezaun, uno de los nuestros…
Jesús fue un hombre libre y consecuente, con las ideas claras, cuya voz siempre se hacía oír cuando había una causa que interesaba a la justicia y al corazón humano.
Hombre con ideales y con raíces. Sabía y sentía muy bien a qué pueblo pertenecía y cuáles eran los orígenes y el sufrimiento de ese pueblo.
Castigado, censurado, acallado y proscrito por los poderosos y por las jerarquías. Jesús hablaba desde el corazón, un corazón en el que ese otro Jesús, el de los empobrecidos, el Dios de la Vida, brillaba con ternura.
Hace casi veinticinco años, Jesús estuvo en El Salvador en un viaje pastoral, conociendo y compartiendo la vida y el sufrimiento del pueblo salvadoreño. El asesinato de Monseñor Romero era reciente y el contacto con las comunidades de base y la realidad de pobreza y violencia que vio impactaron fuertemente en él. A la vuelta, reafirmado y reconvertido en el Señor de la Historia, nos contaba y nos apremiaba a mantener encendida la llama de la solidaridad. Hace pocos días, el 28 de diciembre en una oración por los todos los inocentes de este mundo, nos lo recordaba también nuestro hermano Jon Sobrino. Debemos comprometernos con las causas de los oprimidos porque cambiar este mundo es posible y necesario.
A Jesús quisieron callarlo en numerosas circunstancias, pero nunca le callaron. Igual que a Jesús de Nazaret. El también llamó hipócritas y fariseos a quienes desde el poder mostraban una cara pública, para luego hacer y deshacer a su antojo y sin escrúpulo.
Jesús fue polémico porque hasta callado nunca se callaba. Siempre anduvo en busca de la Verdad. Hombre de fe profunda –muchas veces a pesar de esa iglesia a la que nunca dejó de pertenecer-.
Jesús nos enseñó a analizar cada acontecimiento con rigor, a tener memoria histórica, y sobre todo a conservar una mirada humana y diferente sobre la realidad que nos rodeaba.
Siempre lo sentimos con nosotros. Siempre supimos que era uno de los nuestros.
Jesús fue una armillita de luz que iluminaba los caminos de la esperanza. Su denuncia siempre mostraba ese “otro” camino, el de los senderos que llevan al Jesús de los pobres.
Era un profeta y como profeta se escandalizaba de muchas cosas: La iglesia de Dios debe ser pobre… Con la violencia no vamos a ninguna parte… Los oprimidos son los preferidos de Dios…
Amigo Jesús: Hoy Ezequiel, el profeta del Antiguo Testamento está más afónico que nunca de tanto gritar, de tanto denunciar. Hoy cuando todo parece venirse abajo: la sociedad en crisis, la iglesia en crisis, el ser humano en crisis, lo único que permanece como una luz es el sufrimiento de los pobres. Hoy los de Haití. Mañana otros. ¡Y aún no vemos el camino!
Ellos son el camino. Ellos y sus causas de Justicia. Dios está indignado. Tú lo sabías. ¡Que los poderosos se traguen sus palabras hasta que encuentren en sus entrañas el sabor de la miel!
Gracias Jesús por acompañarnos; gracias por abrirnos el corazón a Jesús de Nazaret; gracias por animar a comprometernos con la vida; y gracias por enseñarnos que por muy poderoso que sea el enemigo, Dios no permite que nuestro espíritu permanezca en la intemperie.
“Os daré un corazón nuevo
y pondré dentro un espíritu nuevo;
os quitaré el corazón de piedra
y os pondré un corazón de carne”
Agur Jesús, hasta que volvamos a vernos…
Iosu Moracho (Artículo publicado en Diario de Noticias con motivo de la muerte de Jesús Lezaun)
Después de la fiesta
Después de la fiesta, después de que la vida y la muerte nos hayan mirado a los ojos y se nos hayan pegado a los párpados y al corazón, una vez más, queda demostrado que esta ciudad es grande solamente cuando se abre al mundo y se universaliza. Porque cuando se refugia en si misma, cuando es como el caracol, su espiral se vuelve piruleta de feria y entonces emana su provincialismo, su anacronía con los tiempos que corren. Y uno tiene ganas de escapar de sus cáscaras, sin que le importe ser un gusano apátrida o un náufrago en medio de la espesura de las sombras de este mundo.
Pamplona, ciudad abierta, está viva. Es convulsa, radiante, expresiva, centro de sí que irradia sensualidad, calidez, acogida y solidaridad. Como alguien, que siendo como es, sólo tiene que abrir sus brazos, sus puertas, balcones y ventanas, para decir, bienvenidos a mi casa. Y extender la sonrisa. Y poner uno, diez, cien, un millón de platos más sobre la mesa.
Tenemos trescientos sesenta y cinco días para no olvidar todo esto, para no olvidar que ser centro es una tarea loable y plausible, una tarea que nos hace humanos y que nos libera de ser ombligo de todas las miradas, porque, digámoslo una vez más, ser centro es ser aquello que nos libera de nosotros mismos y nos abre y nos globaliza.
Ser estrella brillante en un pluriverso enredado de estrellas incandescentes.
Ojala fuera San Fermín todo el año en nuestros corazones.
(Reflexión que hice después de las fiestas de San Fermín de 2010)
Después de la fiesta, después de que la vida y la muerte nos hayan mirado a los ojos y se nos hayan pegado a los párpados y al corazón, una vez más, queda demostrado que esta ciudad es grande solamente cuando se abre al mundo y se universaliza. Porque cuando se refugia en si misma, cuando es como el caracol, su espiral se vuelve piruleta de feria y entonces emana su provincialismo, su anacronía con los tiempos que corren. Y uno tiene ganas de escapar de sus cáscaras, sin que le importe ser un gusano apátrida o un náufrago en medio de la espesura de las sombras de este mundo.
Pamplona, ciudad abierta, está viva. Es convulsa, radiante, expresiva, centro de sí que irradia sensualidad, calidez, acogida y solidaridad. Como alguien, que siendo como es, sólo tiene que abrir sus brazos, sus puertas, balcones y ventanas, para decir, bienvenidos a mi casa. Y extender la sonrisa. Y poner uno, diez, cien, un millón de platos más sobre la mesa.
Tenemos trescientos sesenta y cinco días para no olvidar todo esto, para no olvidar que ser centro es una tarea loable y plausible, una tarea que nos hace humanos y que nos libera de ser ombligo de todas las miradas, porque, digámoslo una vez más, ser centro es ser aquello que nos libera de nosotros mismos y nos abre y nos globaliza.
Ser estrella brillante en un pluriverso enredado de estrellas incandescentes.
Ojala fuera San Fermín todo el año en nuestros corazones.
(Reflexión que hice después de las fiestas de San Fermín de 2010)
La tierra está pariendo un corazón…
Son las ocho de la tarde en la cordillera de los Andes. En la puesta de sol la noche se vuelca lentamente y se vierte sobre el día, que primero se hace de colores, luego gris ceniza y por último del color de la propia noche.
Chile, desierto de Atacama, el lugar donde el diablo perdió el poncho… A estas horas comienza el lento parto de la tierra dilatada. Largos días y noches de contracciones. Tiempo de espera y esperanza. Vamos llegando.
Mina de San José. Atacama. La tierra por fin se ha abierto y de sus arenas calientes van surgiendo uno a uno, los hijos de la tierra, que renacen en un Chile de cobre, carbón y guano, un Chile mineral en tensa expectación.
La Patria Grande gime en estertores de vida. Es tiempo de que los sueños se cumplan. El cáliz de la tierra vierte todas sus sangres por este ombligo de seres que renacen.
Y así es, la tierra da a luz lentamente. Y de nuevo, los que nacen entre los muslos de arena, renacen llorando. Quizás porque eso es nacer. Dejar atrás el ombligo anudado a la memoria del olvido y hacer los ojos a la nueva luz, al nuevo amanecer de los nuevos tiempos. La muerte, más que nunca, no ha tenido la última palabra.
Hay pues llanto entre las aguas; iluminarias y armillitas de luz en la noche de los pueblos…
En esta nueva y corta infancia que ahora empiezan estos niños- hombres, los mineros trazan con tintura de tierra, los planes de lo que van a ser cuando sean grandes; cuando el mundo entero los absorba en su rutina; cuando los medios de comunicación pasen página y los llenen de olvido; cuando, en fin, el gobierno y los jefes de las bocaminas pacten un subsidio que en nada se parezca a los anhelos que se hicieron; cuando la mejora de las condiciones laborables vuelva a ser reivindicada con un encierro; cuando trabajar no cueste la oscuridad de la vista y la gangrena de los pulmones…
Madre Tierra: madre de las piedras oscuras que teñirían de sangre tus pestañas - Neruda - ; madre cuyo vientre de hulla, cobre y corrientes de azufre lleva consigo el color de la sangre… ¡Gracias por nacer a los hijos de tus entrañas! ¡Gracias por la luz de la intemperie para los que han besado tus piedras! ¡Gracias por mostrar sin pudor tus cicatrices a las manos que indagaron el útero de las cerradas minerías…! ¡Gracias Madre Tierra! Hoy todos somos chilenos…!
Artículo publicado en Diario de Noticias con motivo del rescate de los mineros chilenos atrapados bajo tierra.
Lo firmé: Iosu Moracho en nombre del Comité Cristiano de Solidaridad con A. L. de Navarra.
Son las ocho de la tarde en la cordillera de los Andes. En la puesta de sol la noche se vuelca lentamente y se vierte sobre el día, que primero se hace de colores, luego gris ceniza y por último del color de la propia noche.
Chile, desierto de Atacama, el lugar donde el diablo perdió el poncho… A estas horas comienza el lento parto de la tierra dilatada. Largos días y noches de contracciones. Tiempo de espera y esperanza. Vamos llegando.
Mina de San José. Atacama. La tierra por fin se ha abierto y de sus arenas calientes van surgiendo uno a uno, los hijos de la tierra, que renacen en un Chile de cobre, carbón y guano, un Chile mineral en tensa expectación.
La Patria Grande gime en estertores de vida. Es tiempo de que los sueños se cumplan. El cáliz de la tierra vierte todas sus sangres por este ombligo de seres que renacen.
Y así es, la tierra da a luz lentamente. Y de nuevo, los que nacen entre los muslos de arena, renacen llorando. Quizás porque eso es nacer. Dejar atrás el ombligo anudado a la memoria del olvido y hacer los ojos a la nueva luz, al nuevo amanecer de los nuevos tiempos. La muerte, más que nunca, no ha tenido la última palabra.
Hay pues llanto entre las aguas; iluminarias y armillitas de luz en la noche de los pueblos…
En esta nueva y corta infancia que ahora empiezan estos niños- hombres, los mineros trazan con tintura de tierra, los planes de lo que van a ser cuando sean grandes; cuando el mundo entero los absorba en su rutina; cuando los medios de comunicación pasen página y los llenen de olvido; cuando, en fin, el gobierno y los jefes de las bocaminas pacten un subsidio que en nada se parezca a los anhelos que se hicieron; cuando la mejora de las condiciones laborables vuelva a ser reivindicada con un encierro; cuando trabajar no cueste la oscuridad de la vista y la gangrena de los pulmones…
Madre Tierra: madre de las piedras oscuras que teñirían de sangre tus pestañas - Neruda - ; madre cuyo vientre de hulla, cobre y corrientes de azufre lleva consigo el color de la sangre… ¡Gracias por nacer a los hijos de tus entrañas! ¡Gracias por la luz de la intemperie para los que han besado tus piedras! ¡Gracias por mostrar sin pudor tus cicatrices a las manos que indagaron el útero de las cerradas minerías…! ¡Gracias Madre Tierra! Hoy todos somos chilenos…!
Artículo publicado en Diario de Noticias con motivo del rescate de los mineros chilenos atrapados bajo tierra.
Lo firmé: Iosu Moracho en nombre del Comité Cristiano de Solidaridad con A. L. de Navarra.
La música de las esferas
Los cuerpos celestes, en su constante movimiento,
emiten sonidos armónicos,
sonidos que poseen una armonía musical.
La atmósfera del sol emite sonidos ultrasónicos
que interpretan una partitura de ondas
con tonos trescientas veces más graves
que los que puede captar el oído humano.
Los pitagóricos lo llamaban “La música de las esferas”,
y sabían que los tonos de los planetas dependían
de las proporciones aritméticas de sus órbitas
alrededor de la Tierra.
Además, los sonidos que producía cada esfera se combinaban
con los sonidos de las demás esferas, en una sincronía perfecta.
Proporciones justas: ritmos y números. Canto armónico.
Las siete notas musicales,
en los siete cuerpos celestes conocidos entonces:
Sol, Luna, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Venus.
A estos se añadirían las tres esferas suplementarias,
Mercurio, Neptuno y Urano,
que alcanzaban el 10, el número perfecto…
Platón, en Epinomis, declaró que los astros ejecutan
la mejor de las canciones.
Cicerón se refirió en El Canto de Escipión,
a ese sonido intenso y agradable
que llenaba los oídos de su héroe
y que tenía su origen en las órbitas celestes.
Kepler habló de que los sonidos son más agudos
en cuanto que más rápido es el movimiento.
La saliva sobre el borde de la copa.
Los intervalos musicales, bien definidos.
Los diez registros melódicos, la armonía de la creación.
Harmonices Mundi…
El físico que compuso seis melodías,
entre las que según él, estaba
el acorde producido al inicio del universo
y el que sonará en su término.
La música del Big Bang y el Réquiem del universo…
Luego Newton, gracias al cálculo matemático,
certificó todo esto. El gran reloj universal,
marcaba las horas con la precisión de un mecanismo
de relojería.
Y Einstein afirmó que si descubrió la relatividad
fue porque estaba convencido de la armonía del universo.
Espectros, frecuencias, resonancias, vibraciones…
señales variables en el tiempo,
descritas mediante una composición
de funciones trigonométricas.
Los rayos de emisión que se producen en la excitación del átomo,
en una fórmula única, compuesta por números enteros,
similares a los intervalos musicales.
Y el muchachito que asistió al congreso de arte y psicoanálisis,
manifestaba que no había entendido a Mahler,
hasta que sucedió el 11 de septiembre.
El mundo sonando desafinado, entre tormentas y huracanes,
el cambio climático vaticinando nuevos pentagramas.
Y mientras tanto la atmósfera solar emite un sonido de cuerdas afinadas a cien milihertzios
en periodos de diez segundos.
Y el oído humano se pierde el concierto
que sí recoge la trigonometría…
Música de las esferas
y música de las semillas
Música de las células
y música de las emociones
Pues todo lo que vibra produce música,
que a su vez hace vibrar…
(Artículo que me fue publicado en la revista Tendencias Científicas: http://www.tendencias21.net/ como comentario al artículo titulado:
Un satélite de la Nasa confirma la música de las esferas)
Los cuerpos celestes, en su constante movimiento,
emiten sonidos armónicos,
sonidos que poseen una armonía musical.
La atmósfera del sol emite sonidos ultrasónicos
que interpretan una partitura de ondas
con tonos trescientas veces más graves
que los que puede captar el oído humano.
Los pitagóricos lo llamaban “La música de las esferas”,
y sabían que los tonos de los planetas dependían
de las proporciones aritméticas de sus órbitas
alrededor de la Tierra.
Además, los sonidos que producía cada esfera se combinaban
con los sonidos de las demás esferas, en una sincronía perfecta.
Proporciones justas: ritmos y números. Canto armónico.
Las siete notas musicales,
en los siete cuerpos celestes conocidos entonces:
Sol, Luna, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Venus.
A estos se añadirían las tres esferas suplementarias,
Mercurio, Neptuno y Urano,
que alcanzaban el 10, el número perfecto…
Platón, en Epinomis, declaró que los astros ejecutan
la mejor de las canciones.
Cicerón se refirió en El Canto de Escipión,
a ese sonido intenso y agradable
que llenaba los oídos de su héroe
y que tenía su origen en las órbitas celestes.
Kepler habló de que los sonidos son más agudos
en cuanto que más rápido es el movimiento.
La saliva sobre el borde de la copa.
Los intervalos musicales, bien definidos.
Los diez registros melódicos, la armonía de la creación.
Harmonices Mundi…
El físico que compuso seis melodías,
entre las que según él, estaba
el acorde producido al inicio del universo
y el que sonará en su término.
La música del Big Bang y el Réquiem del universo…
Luego Newton, gracias al cálculo matemático,
certificó todo esto. El gran reloj universal,
marcaba las horas con la precisión de un mecanismo
de relojería.
Y Einstein afirmó que si descubrió la relatividad
fue porque estaba convencido de la armonía del universo.
Espectros, frecuencias, resonancias, vibraciones…
señales variables en el tiempo,
descritas mediante una composición
de funciones trigonométricas.
Los rayos de emisión que se producen en la excitación del átomo,
en una fórmula única, compuesta por números enteros,
similares a los intervalos musicales.
Y el muchachito que asistió al congreso de arte y psicoanálisis,
manifestaba que no había entendido a Mahler,
hasta que sucedió el 11 de septiembre.
El mundo sonando desafinado, entre tormentas y huracanes,
el cambio climático vaticinando nuevos pentagramas.
Y mientras tanto la atmósfera solar emite un sonido de cuerdas afinadas a cien milihertzios
en periodos de diez segundos.
Y el oído humano se pierde el concierto
que sí recoge la trigonometría…
Música de las esferas
y música de las semillas
Música de las células
y música de las emociones
Pues todo lo que vibra produce música,
que a su vez hace vibrar…
(Artículo que me fue publicado en la revista Tendencias Científicas: http://www.tendencias21.net/ como comentario al artículo titulado:
Un satélite de la Nasa confirma la música de las esferas)
Mundo Jurásico
“Todo niño es un artista que canta,
baila, pinta, cuenta historias
y construye castillos”
Sabato
Preservar en el fondo del alma a ese niño que somos
es una tarea del espíritu
y uno de los retos más difíciles de la educación.
Cómo conciliar la necesidad de hacer crecer
y de preparar para la vida,
con sostener sin provocar desgarramiento
al mundo de los sueños, la magia, la fantasía y la infancia.
Quizás la respuesta nos la de el propio Sabato,
la educación ha de incluir la posibilidad
de que el niño desarrolle al artista que lleva dentro:
ese que canta, baila, pinta, cuenta historias y construye castillos.
La capacidad de creación está íntimamente ligada
al mundo del espíritu, al desarrollo del ser interior.
Cuando cercenamos estas voces estamos acabando
no sólo con el niño que una vez fuimos,
también estamos extinguiendo al hombre primitivo
que fue nuestro origen,
nuestro principio.
Dejemos que los niños sigan subiendo a los árboles.
¿Quién de nosotros no ha desarrollado alguno de sus sueños
a partir de sus juegos como constructor de cabañas?
Hoy estamos censurando estas posibilidades a nuestros pequeños.
La vida va a ofrecer a cada ser humano
infinitas posibilidades para bajarle del árbol,
para hacer que se yerga y crezca frente a ese vasto mundo
de altas hierbas en el que vivimos cotidianamente.
No privemos a nuestros hijos del recuerdo
de lo que una vez hicieron,
de las aventuras imaginarias o no,
en las que fueron protagonistas.
Con mayores dinosaurios les tocará luchar en la vida…
“El arte es un don que repara el alma
de los fracasos y sinsabores.
Nos alienta a cumplir la utopía
a la que fuimos destinados” Sabato
Esa utopía reza que no somos seres mediocres,
que nuestro destino es ser profetas en medio de este mundo.
Llevar la voz de la vida frente a todas las muertes.
Mostrar manifestaciones de la vida, la belleza, la creatividad,
la imaginación.
La expresión de nuestro yo interior
nos hará auténticos y libres.
“Todo niño es un artista que canta,
baila, pinta, cuenta historias
y construye castillos”
Sabato
Preservar en el fondo del alma a ese niño que somos
es una tarea del espíritu
y uno de los retos más difíciles de la educación.
Cómo conciliar la necesidad de hacer crecer
y de preparar para la vida,
con sostener sin provocar desgarramiento
al mundo de los sueños, la magia, la fantasía y la infancia.
Quizás la respuesta nos la de el propio Sabato,
la educación ha de incluir la posibilidad
de que el niño desarrolle al artista que lleva dentro:
ese que canta, baila, pinta, cuenta historias y construye castillos.
La capacidad de creación está íntimamente ligada
al mundo del espíritu, al desarrollo del ser interior.
Cuando cercenamos estas voces estamos acabando
no sólo con el niño que una vez fuimos,
también estamos extinguiendo al hombre primitivo
que fue nuestro origen,
nuestro principio.
Dejemos que los niños sigan subiendo a los árboles.
¿Quién de nosotros no ha desarrollado alguno de sus sueños
a partir de sus juegos como constructor de cabañas?
Hoy estamos censurando estas posibilidades a nuestros pequeños.
La vida va a ofrecer a cada ser humano
infinitas posibilidades para bajarle del árbol,
para hacer que se yerga y crezca frente a ese vasto mundo
de altas hierbas en el que vivimos cotidianamente.
No privemos a nuestros hijos del recuerdo
de lo que una vez hicieron,
de las aventuras imaginarias o no,
en las que fueron protagonistas.
Con mayores dinosaurios les tocará luchar en la vida…
“El arte es un don que repara el alma
de los fracasos y sinsabores.
Nos alienta a cumplir la utopía
a la que fuimos destinados” Sabato
Esa utopía reza que no somos seres mediocres,
que nuestro destino es ser profetas en medio de este mundo.
Llevar la voz de la vida frente a todas las muertes.
Mostrar manifestaciones de la vida, la belleza, la creatividad,
la imaginación.
La expresión de nuestro yo interior
nos hará auténticos y libres.
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