sábado, 21 de junio de 2014



El miedo tiene que cambiar de bando

Para Isabella, que me lo pidió
El miedo es como una copa,
cuando está demasiado llena,
se desborda.

A veces incluso, nos estalla en las manos,
ese miedo líquido, viscoso, tan material
pero tan difícil de encerrar.

Miedo a la vida y miedo a la muerte,
miedo a perder el trabajo y miedo a que el trabajo nos eche a perder,
miedo al amor y miedo a la soledad,
miedos solitarios y miedos compartidos, públicos, solidarios.

Miedos que nos crecen como los enanos de los cuentos,
miedos que se hacen mayores con nosotros
y que no nos dejan nunca,
porque somos nosotros quienes no queremos dejarlos.

Hoy, más que nunca, sin embargo, el miedo tiene que cambiar de bando,
porque existe el lado de los muchos y el de los pocos,
y no es bueno que sean muchos los que sientan miedo,
es mejor que sean los pocos, los de siempre, con su poquedad,
su mezquindad, su pobreza tan llena de dinero
los que empiecen a sentir miedo…

Miedo del desconsuelo, de la pérdida de lo privado,
miedo de no poder seguir viviendo a costa de los de abajo,
miedo fundado y fundamentado desde hace siglos,
desde que el hombre es hombre y tuvo miedo
y quiso ser Dios y fue lacayo…

Miedo a pasarnos la vida avergonzados,
a la mediocridad de nuestros sueños,
a que nos pase la vida sin enterarnos.

Miedo de ser inconstantes, incapaces, innecesarios,
miedos que nos atenazan
y de los cuales se sirven ellos, los otros,
para vivir de nuestros miedos.

Por eso, es bueno, es justo, es necesario
que el miedo cambie de bando,
para que sepan lo que es un salario
y como la sal se escapa de las manos,
para que sepan lo que es un trabajo en una cadena
y sientan como esa cadena les sujeta los brazos,
para que vean cómo la noche es eterna
cuando se tiene el miedo tomado de la mano,
para que descubran que aquí, justo al otro lado
existe el ser humano con mayúsculas
y no sirven de nada ni sus armas, ni sus propiedades, ni sus privilegios,
ni sus seguros a todo plazo,
porque hemos decidido regalarles nuestros miedos
y salir a la calle
para liberarlos…

domingo, 2 de marzo de 2014

La red

Alguna día se caerá la red
y así evitaremos electrocuciones,
bajadas de tensión
y pérdidas de conexión.
Entonces nos nos quedará más remedio
que volver a los besos al oído,
las palabras en las mejillas
y los arrumacos en la nuca...

Iosu Moracho Cortés

Escarabajos


Nada más nacer
observan a sus mayores
hacer rodar delante suya
la pelotita de desperdicios
rumbo a la madriguera.
Provisiones de invierno, se dicen,
previsiones de frío.
Rodar y hacer rodar la basura cotidiana
puede suponer la diferencia
entre la vida y la muerte.

Así, mientras otros se quedan en las cunetas
de los caminos
esperando iluminar la noche
con secreciones de luz,
los escarabajos apuran el paso
y empujan su bolita de barro
por esa pequeña pendiente
con cuidado de que la vida
no se la eche encima y acaben enlodados.

Los escarabajos,
confundidos a ratos con las cucarachas,
por la ignorancia de los humanos,
acaban, no pocas veces,
bajo la bota de algún muchacho callejero
o alguna adolescente dolorida.

Cundo su ímpetu es grande, a veces, sucede
que sus manos se enganchan a la bolita de desperdicios
y en un empujón se encrestan sobre ella
y ruedan junto a su basura
haciendo trompos y vueltas de campana
hasta que se sueltan de su miseria
y quedan, a la piedad del mundo,
con las patitas boca arriba
y el cascarón de barca pegado a la tierra,
así, hasta que logran darse la vuelta
para volver a empezar.

Eso sí,
lo que poca gente sabe
es que cuando cae el sol y se oculta como una moneda
por la hucha del horizonte,
de la parte superior de su espalda
en el lugar donde los soldados llevan su mochila,
se descubren, como por ensalmo,
dos pares de alitas finas y casi transparentes,
porque, ya no es un secreto, como nosotros,
los escarabajos vuelan al atardecer.

Iosu Moracho Cortés

Las matemáticas y el alma

¿Las matemáticas también pueden arañar el alma?

¿Es posible explicar la formación del mundo con números?
¿Se puede desarrollar una fórmula matemática
para relatar un enamoramiento adolescente?
¿Se puede expresar el vacío categóricamente
a través de alguna expresión algebraica
y sin morir de frío?

¿Cómo se dice "te quiero" a través de una integral,
una derivada o un logaritmo neperiano?

Iosu Moracho Cortés

Eclipse de sol


Clase de Ciencias Naturales
en primero de primaria.
Con un dedito, tapando al sol,
jugamos a eclipses.

Los niños son listos,
en seguida me eclipsan a mí.
Luego se eclipsan entre ellos:
reafirmación, autonomía,
estima de uno mismo.

Con un dedito tapamos al otro
y a lo que no queremos ver.
Tendrán todo el resto de primaria y más…
para aprender que eso no hace
que los males desaparezcan…

Iosu Moracho Cortés