El huracán de los pobres
Los que trabajaron duramente
en la parte trasera
de los paraísos turísticos,
los que vivían en los ruinosos suburbios
de Biloxi y Nueva Orleans,
aquellos que desde hacía mucho tiempo
se sabían vulnerables al desastre
si los diques fallaban,
los sin coche para escapar a tiempo,
los que fueron dejados atrás
por falta de un plan
para su rescate.
Los que hicieron largas colas
para entrar en el Superdome
y en el Centro de Convenciones
y largas colas para salir de allí,
aquellos que robaron comida,
zapatillas de deporte, televisores de plasma
y rifles de caza,
los negros y los pobres
los pobres negros y los negros pobres,
los negros hijos de puta...
Los que murieron soñando
con los ojos de Scarlett O´Hara
o con una frase de Tennessee Williams,
los que en la cuna del Jazz Dixie
vivieron una vida
de historias turbias, violentas y románticas,
aquellos que no leían el New York Times
y no compraban ropas de marca,
los mismos que con una maleta de andrajos
se quedaron sin libros, sin discos
y sin recuerdos.
Los crupiers del Hard Rock Café
y los que fueron al Treasure Bay
a reventar las tragaperras,
aquellos que robaron la capa de Elvis,
la gorra de Lennon
y el corsé de Madonna,
los que tomaban la ultima copa
asomados a los balcones de hierro forjado
del barrio francés,
cuando Katrina llegó.
Los que leían los libros de Faulkner
en las universidades de Tulane y de Loyola,
los que rezaban al Dios Huracán
desde la orilla del lago Pontchartrain,
aquellos que escaparon río arriba
de las novelas de Twain
en los viejos vapores de rueda
que aun surcan el Mississippi.
Los que dieron las gracias a Dios
y a Louis Armstrong
porque habían conseguido salir del infierno,
los que inventaron palabras mestizas,
canciones de colores
y costumbres maravillosas
con todo el ritmo de una ciudad palpitante,
los mismos que bajaban muriendo
por el viejo padre Mississippi,
los hijos del profundo sur
de la Norteamérica profunda,
los que vivían en la región
de Yoknapatwpha.
Los que murieron en la ciudad sumergida
y esperaron un funeral
con bandas de Jazz
que nunca llegó,
aquellos que nunca se beneficiarán
de un "concierto para la ayuda
de las víctimas del huracán".
Los que jamás supieron que fueron víctimas
del cambio climático del sistema,
los que murieron en el silencio
y en la incomprensión,
esos que se sintieron tirados
como animales en la calle,
los que se dejaron morir
esperando una ayuda
que nunca llegó,
aquellos que pagaron impuestos,
respetaron la ley
y murieron como buenos
norteamericanos.
(Artículo publicado en Diario de Noticias, después del huracán)
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