domingo, 20 de marzo de 2011

Oscar Romero 2011

CELEBRACIÓN DEL XXXI ANIVERSARIO DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE MONSEÑOR OSCAR ROMERO

En esta hora de gracia, compromiso y esperanza.

Grazialdi honetan, erantzunkizuna eta itxaropena.

Buenas tardes a todos y a todas. Sed bienvenidos a este encuentro. Queremos celebrar este aniversario de la muerte y resurrección de Monseñor Romero, en un tono de confianza y esperanza. Nos reunimos para afirmar que el proyecto del Dios de la Vida tiene sentido, y lo hacemos recordando el testimonio de los grandes profetas que nos han acompañado y mostrado el camino con su propia vida de compromiso.

La figura de Romero, el pastor, la voz de los sin voz en el pulgarcito de América Latina, su conversión al pueblo, su entrega a Dios, su denuncia profética y su posterior martirio y resurrección en el pueblo salvadoreño y en toda la Patria Grande, cambiaron para siempre la historia de los empobrecidos.

Leónidas Proaño, el obispo de Río Wamba, es otro de esos encuentros en que Dios y el ser humano se ven cara a cara, y en el que los valores de la Madre Tierra y el indigenismo se hacen teología y motivo de liberación.

Por último, el chiapaneco Samuel Ruiz, Tatic Samuel, es otra semilla de Reino plantada en la tierra buena del pueblo. Semilla que ha dado fruto, ciento por uno, con su palabra evangélica, su testimonio en esta hora de gracia en la que el compromiso y la esperanza nos animan y nos empujan a sentir que la historia del Dios de la Vida avanza con pasos firmes de la mano de estos profetas y de tantos otros y otras anónimos, que también fueron la voz de Dios desde ese pueblo encarnado, y que hoy celebramos.

Queremos tener presente el dolor del pueblo de Japón, su dignidad, su silencio y su profundo respeto ante esta tragedia que les está tocando vivir.

Del mismo modo queremos tener presente a Libia, los países del norte de África y todos los países en conflicto que buscan nuevos horizontes.

Hoy más que nunca sentimos que el mundo es la casa común de todos los seres humanos. Queremos sentirnos hermanados con todos los pueblos, con la Madre Tierra, sintiendo profundamente que el dolor de unos es también el dolor de todos, y de la misma manera, la esperanza de unos es la esperanza de todos.

Que esta tarde sea tarde de conmemoración, encuentro, recuerdo, esperanza y compromiso.