El grito de Ezequiel
Ayer murió Jesús Lezaun, uno de los nuestros…
Jesús fue un hombre libre y consecuente, con las ideas claras, cuya voz siempre se hacía oír cuando había una causa que interesaba a la justicia y al corazón humano.
Hombre con ideales y con raíces. Sabía y sentía muy bien a qué pueblo pertenecía y cuáles eran los orígenes y el sufrimiento de ese pueblo.
Castigado, censurado, acallado y proscrito por los poderosos y por las jerarquías. Jesús hablaba desde el corazón, un corazón en el que ese otro Jesús, el de los empobrecidos, el Dios de la Vida, brillaba con ternura.
Hace casi veinticinco años, Jesús estuvo en El Salvador en un viaje pastoral, conociendo y compartiendo la vida y el sufrimiento del pueblo salvadoreño. El asesinato de Monseñor Romero era reciente y el contacto con las comunidades de base y la realidad de pobreza y violencia que vio impactaron fuertemente en él. A la vuelta, reafirmado y reconvertido en el Señor de la Historia, nos contaba y nos apremiaba a mantener encendida la llama de la solidaridad. Hace pocos días, el 28 de diciembre en una oración por los todos los inocentes de este mundo, nos lo recordaba también nuestro hermano Jon Sobrino. Debemos comprometernos con las causas de los oprimidos porque cambiar este mundo es posible y necesario.
A Jesús quisieron callarlo en numerosas circunstancias, pero nunca le callaron. Igual que a Jesús de Nazaret. El también llamó hipócritas y fariseos a quienes desde el poder mostraban una cara pública, para luego hacer y deshacer a su antojo y sin escrúpulo.
Jesús fue polémico porque hasta callado nunca se callaba. Siempre anduvo en busca de la Verdad. Hombre de fe profunda –muchas veces a pesar de esa iglesia a la que nunca dejó de pertenecer-.
Jesús nos enseñó a analizar cada acontecimiento con rigor, a tener memoria histórica, y sobre todo a conservar una mirada humana y diferente sobre la realidad que nos rodeaba.
Siempre lo sentimos con nosotros. Siempre supimos que era uno de los nuestros.
Jesús fue una armillita de luz que iluminaba los caminos de la esperanza. Su denuncia siempre mostraba ese “otro” camino, el de los senderos que llevan al Jesús de los pobres.
Era un profeta y como profeta se escandalizaba de muchas cosas: La iglesia de Dios debe ser pobre… Con la violencia no vamos a ninguna parte… Los oprimidos son los preferidos de Dios…
Amigo Jesús: Hoy Ezequiel, el profeta del Antiguo Testamento está más afónico que nunca de tanto gritar, de tanto denunciar. Hoy cuando todo parece venirse abajo: la sociedad en crisis, la iglesia en crisis, el ser humano en crisis, lo único que permanece como una luz es el sufrimiento de los pobres. Hoy los de Haití. Mañana otros. ¡Y aún no vemos el camino!
Ellos son el camino. Ellos y sus causas de Justicia. Dios está indignado. Tú lo sabías. ¡Que los poderosos se traguen sus palabras hasta que encuentren en sus entrañas el sabor de la miel!
Gracias Jesús por acompañarnos; gracias por abrirnos el corazón a Jesús de Nazaret; gracias por animar a comprometernos con la vida; y gracias por enseñarnos que por muy poderoso que sea el enemigo, Dios no permite que nuestro espíritu permanezca en la intemperie.
“Os daré un corazón nuevo
y pondré dentro un espíritu nuevo;
os quitaré el corazón de piedra
y os pondré un corazón de carne”
Agur Jesús, hasta que volvamos a vernos…
Iosu Moracho (Artículo publicado en Diario de Noticias con motivo de la muerte de Jesús Lezaun)
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