miércoles, 8 de diciembre de 2010

La música de las esferas



Los cuerpos celestes, en su constante movimiento,
emiten sonidos armónicos,
sonidos que poseen una armonía musical.

La atmósfera del sol emite sonidos ultrasónicos
que interpretan una partitura de ondas
con tonos trescientas veces más graves
que los que puede captar el oído humano.

Los pitagóricos lo llamaban “La música de las esferas”,
y sabían que los tonos de los planetas dependían
de las proporciones aritméticas de sus órbitas
alrededor de la Tierra.

Además, los sonidos que producía cada esfera se combinaban
con los sonidos de las demás esferas, en una sincronía perfecta.

Proporciones justas: ritmos y números. Canto armónico.

Las siete notas musicales,
en los siete cuerpos celestes conocidos entonces:
Sol, Luna, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Venus.
A estos se añadirían las tres esferas suplementarias,
Mercurio, Neptuno y Urano,
que alcanzaban el 10, el número perfecto…

Platón, en Epinomis, declaró que los astros ejecutan
la mejor de las canciones.
Cicerón se refirió en El Canto de Escipión,
a ese sonido intenso y agradable
que llenaba los oídos de su héroe
y que tenía su origen en las órbitas celestes.

Kepler habló de que los sonidos son más agudos
en cuanto que más rápido es el movimiento.
La saliva sobre el borde de la copa.
Los intervalos musicales, bien definidos.
Los diez registros melódicos, la armonía de la creación.
Harmonices Mundi…
El físico que compuso seis melodías,
entre las que según él, estaba
el acorde producido al inicio del universo
y el que sonará en su término.
La música del Big Bang y el Réquiem del universo…

Luego Newton, gracias al cálculo matemático,
certificó todo esto. El gran reloj universal,
marcaba las horas con la precisión de un mecanismo
de relojería.

Y Einstein afirmó que si descubrió la relatividad
fue porque estaba convencido de la armonía del universo.

Espectros, frecuencias, resonancias, vibraciones…
señales variables en el tiempo,
descritas mediante una composición
de funciones trigonométricas.

Los rayos de emisión que se producen en la excitación del átomo,
en una fórmula única, compuesta por números enteros,
similares a los intervalos musicales.

Y el muchachito que asistió al congreso de arte y psicoanálisis,
manifestaba que no había entendido a Mahler,
hasta que sucedió el 11 de septiembre.

El mundo sonando desafinado, entre tormentas y huracanes,
el cambio climático vaticinando nuevos pentagramas.

Y mientras tanto la atmósfera solar emite un sonido de cuerdas afinadas a cien milihertzios
en periodos de diez segundos.

Y el oído humano se pierde el concierto
que sí recoge la trigonometría…

Música de las esferas
y música de las semillas
Música de las células
y música de las emociones
Pues todo lo que vibra produce música,
que a su vez hace vibrar…

(Artículo que me fue publicado en la revista Tendencias Científicas: http://www.tendencias21.net/ como comentario al artículo titulado:
Un satélite de la Nasa confirma la música de las esferas)

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